Padrón de los caballeros de cuantían de Medina Sidonia, junio de 1579

       «La caballería de cuantía, premia o alarde, pues con distintos nombres fue conocida, era, como por otra parte podemos apreciar, un impuesto por capitación en tanto obligaba a los poseedores de unas rentas – que fueron variando con el tiempo – a mantener caballo, armas y a participar en los alardes anuales que debían ser supervisados por los alcalde mayores. El impuesto, que en ocasiones intentó ser evitado, coadyuvó también a conformar un grupo social. Este se encontraba situado en la cúspide económica de la sociedad controlando, en muchas ocasiones, el gobierno urbano.»

Domingo Centenero de Arce [En línea] “Caballería de cuantía”, en Identidad e imagen de Andalucía en la Edad Moderna (12/2017)
 

 

        «Las obligaciones militares de los vecinos del señorío estaban en directa relación con su capacidad económica, como ocurría en el resto de Castilla, de modo que las ordenanzas disponen la forma de hacer los correspondientes padrones de cuantías, que también servirían para fijar los deberes fiscales —pago de pechos y contribuciones directas— de cada cual —10 a 17—. En lo que toca a los militares, por encima de determinada cuantía de bienes, que las leyes generales del reino fijaban en 50.000 mrs. a finales del siglo XV, el vecino venía obligado a mantener caballo, armas y atavíos adecuados, según lo especificado en el «libro de alardes», a cambio de lo cual gozaba de las preeminencias propias de la caballería de cuantía, mientras dispusiera de aquel nivel de riquezas, es decir, mientras fuera «contioso» y tuviera, por lo tanto, el deber de sostener tal equipo guerrero (7). Las viudas de «contiosos» sólo tenían obligación de mantener caballo si sus bienes superaban los 50.000 sin llegar a los 100.000 y tenían algún hijo joven soltero «que lo pueda cabalgar», pero no si no era así. Sólo. si sus bienes superaban los 100.000 mrs. habían de mantener caballo y armas adecuadas en cualquier caso.

Los vecinos no cuantiosos combatían con ballesta o lanza, según su calidad económica. Pero, además, los duques, como el mismo monarca en el realengo y otros altos aristócratas en sus señoríos respectivos, se preocupaban ya de organizar grupos de infantería armados con espingarda, la primera arma de fuego individual que existió, ofreciendo algunas ventajas y exenciones a los vecinos que aceptaran aquel tipo de armamento y las obligaciones especiales que su mantenimiento y uso comportaba.»

Isabel Galán Parra, [En línea]”Regímenes municipales y poder señorial: Las ordenanzas de 1504 para el Condado de Niebla y Ducado de Medina Sidonia”, en Huelva en su historia, Nº 1, 1986, págs. 201-223, pág. 206, Dialnet (12/2017)

Más trabajos de Isabel Galán Parra sobre el tema en Dialnet

 

 

 

 

 Alarde, caballeros de cuantía en Medina Sidonia, 1579

[Trabajo documental: María Teresa Díez Martín, Promotor: Beltrán Paredes Camuñas]

                                                                 



Antona García

Sobre el privilegio real de la ilustre toresana Antona García y sus descendientes en Nava del Rey y Alaejos (Valladolid)

Jorge Mangas Peña

Licenciado en Filosofía y Letras

Árbol genealógico resumido de los descendientes de Antona García y Juan de Monroy en Nava del Rey y Alaejos.

              El antaño célebre privilegio de 1476 que los Reyes Católicos concedieron en Toro a Antona García y sus numerosísimos descendientes de ambos sexos, considerado de simple exención fiscal por algunos investigadores y de hidalguía por otros, supuso en la Castilla de los siglos XVI, XVII y XVIII el principio de notorias iniciativas legislativas y duraderas controversias en la teoría jurídica. Asimismo, dio lugar a incontables pleitos de reclamación planteados por los concejos para conseguir que las prerrogativas en él contenidas se les denegaran a los descendientes; no menos abundantes fueron los pleitos que promovieron éstos para defender sus derechos, más interesados muchas veces en los beneficios que les podría reportar la exención de su antepasada que en honrar su memoria. Privilegios como éste y otros de naturaleza similar otorgados por los reyes (los de Enrique de Salamanca y Hernán Pérez Coronel también por los Reyes Católicos, Valderas por Juan I, Juan Fernández de Sierra de Ibio por Enrique II, Cristóbal Pérez el Injerto por Alfonso IX, Belico de Aurioles o Bellito Auriolis por Bermudo III y tantos otros), sumados, propiciaron nuevos usos sociales, sobrecargas en los procedimientos administrativos y una evidente influencia en las dinámicas económicas de muchos concejos castellanos e incluso del propio reino en su conjunto. No hay que desdeñar, por último, que el personaje de Antona se constituyó además en el motor de enérgicas creaciones literarias que convirtieron en el Siglo de Oro a esta heroína en modelo de conducta por su valentía y patriotismo. Por todo lo anterior, el estudio de sus hechos y de las consecuencias de su privilegio resulta digno de interés.

             Así pues, evocaré aquí a Antona García en un intento de despejar algunos de los malentendidos o incorrecciones tejidos alrededor de su legado. Lo haré mediante una mirada atenta a ciertos fragmentos de la extensísima documentación que sus descendientes generaron en sus pleitos y transacciones y a través también de la amplia bibliografía producida durante siglos por muy diversos autores en referencia a esta mujer notable. Prestaré, para concluir, una atención más cuidadosa a varios de sus descendientes que vivieron en las villas vallisoletanas de Alaejos y Nava del Rey, a cuyos casos me aproximaré con el calor del detalle para darle a los legajos antiguos una dimensión más humana porque, a mi vez, les cuento a ellos entre mis antepasados: de lo que comenzó hace ya un tiempo siendo una investigación de mi genealogía ha resultado el descubrimiento de mi ascendencia y, en suma, esta inmersión en la historia.

Índice

  1. Antona García

  2. El privilegio

  3. Los pleitos

  4. Controversias sobre la naturaleza del privilegio

  5. Nava del Rey y Alaejos

  6. Conclusión

  • Agradecimiento
  • NOTAS
  • Archivos y bibliotecas consultados. Siglas. Normas de las transcripciones
  • Relación documental: manuscritos y bibliografía antigua
  • Bibliografía
  • El autor

Artículo completo

 

 

Genograma. Primeras generaciones Antona García y Juan de Monroy

 


 

 

Dispersión geográfica y líneas genealógicas de los descendientes de Antona García

Jorge Mangas Peña

 

 
 [Imagen] 1600. “Ejecutoria del pleito litigado por Juan de Valcabado y Juliana de Monroy, su mujer, vecinos de San Martín de Rubiales (Burgos),
con el Concejo de San Martín de Rubiales (Burgos), sobre el privilegio de hidalguía de los primeros como descendientes de Antona García” ARCHVa, SC, PERGAMINOS, C. 58,9. Imagen obtenida del Portal de Archivos Españoles (PARES)
 
 
 
 
 
 

                    Algunos genogramas de líneas estudiadas, entre otros de los contenidos en este trabajo

Monroy en Santiuste de San Juan (Segovia), Alcazarén, Pedrajas de San Esteban (Valladolid)

 

 

 

Lorenzana Monroy-Velasco Berenguer

 
 
 
 


 
 
 
Conferencia en Toro (Zamora). Mayo 2017
Mayte Díez Martín y Jorge Mangas Peña

Antona García. Una toresana destacada en la Historia. Discursos y representaciónes de la heroina/S en la construción de la identidad nacional

(Próxima publicación por la asociación ProCulto de Toro)

 

 

 

 



Una aproximación histórica al personaje de Juan Ortega de Prado, escalador en la Guerra de Granada, Fernando Martínez Pariente

Fernando Martínez Pariente

 

Llegaron junto a Alhama dos horas antes de amanecer, y poniéndose en emboscada, despacharon trescientos hombres escogidos é intrépidos, (de los cuales muchos eran alcaides y capitanes) para escalar los muros, y apoderarse del castillo. Á la cabeza de estos valientes iba Ortega de Prado, que llevaba consigo treinta hombres con escalas. Favorecidos de la oscuridad de la noche, y guardando el mayor silencio, fueron subiendo hácia el castillo: llegaron al pié de la muralla, donde se detuvieron un instante para asegurarse de que no se les había sentido; pero viendo que todos yacían en el más profundo reposo, y que nadie rebullía, aplicaron las escalas y subieron á las almenas.

(Washington Irving, Crónica de la conquista de Granada, Vol. 1, 1831, pág. 26 [en línea])

La imagen: Asalto de Alhama por el madrileño Juan Ortega de Prado. (Marcelino, Unceta y López, en José Amador de los Ríos, Historia de la villa y corte de Madrid, J. Donon, Madrid, 1862 [en línea] Biblioteca Hispánica-Biblioteca Nacional de España [Consulta: 09-10-2013])

 

Presentación

Lo que se sabe de Juan Ortega de Prado

Sobre su origen y condición familiar

Algunos datos nuevos

El privilegio

Conclusión

Bibliografía

 

 

Presentación

Es la primera vez que me asomo a esta revista de Frentes Avanzados de la Historia[1]. Vivo en León, donde nací, y no soy en absoluto historiador, pero sí alguien a quien le gusta la antiguedad y que ha tenido la suerte de contar con un interesante archivo familiar en su desván, cuyos documentos abarcan un vasto periodo que va desde 1403 a los años 40 del pasado siglo.

La mayoría de ellos pertenecen al ámbito más doméstico de las cartas personales, pleitos familiares, o tratan de relaciones comerciales, hablan de cosechas, ventas de mosto y trigo, arrendamientos y compras de tierra, vendimias, tazmías, herencias, etc.;

 De todo este cuerpo documental quiero hablar de dos manuscritos que destacan por referirse a un personaje histórico de cierta relevancia: Juan Ortega de Prado “el Escalador”, del que hasta ahora, no sólo hay un perfil incompleto sino también contradictorio en cuanto a su origen y los avatares de su vida, por parte de los estudiosos que se han centrado en él.

Creo que mis documentos —en adelante los llamaré XVII-007 y XVII-008, que es como los tengo catalogados en mi archivo—, pueden arrojar algo de luz sobre él. El primero, de 1609, es una copia de primera mano del privilegio que el Rey Católico otorgó a Juan Ortega de Prado por su actuación decisiva en la toma de Alhama de Granada en 1482. El segundo, de 1610, redactado por un descendiente suyo, describe, entre otras cosas, el escudo de armas de Juan a raíz del privilegio, que consistió precisamente, en añadir nuevas armas a las que ya tenía.

XVII-007, de 28 de julio de 1609, relata cómo dos soldados, los hermanos Rodrigo y Pedro de Prado Villapadierna:

… vecinos que dixeron ser del lugar de Vidanes, en el reyno y montaña de León ribera de Mansilla en el conzexo de Ribezla, hombres de armas del rey nuestro señor en la compañía del señor conde de Alba de Liste que al presente está aloxado en la dicha villa[2].

se presentan ante el alcalde de Cózar del Campo de Montiel (en la actual provincia de  Ciudad Real), Juan Hidalgo, y le solicitan que exija a un vecino del pueblo, Gerónimo de Prado, pariente de los soldados, que les entregue:

… un preuilegio que […] [el dicho rey] don Fernando hizo merced de dar a Juan Ortega de Prado su revisabuelo, veçino que fue del lugar de Prado, que está en Valdetuéxar en el dicho reyno y montañas de León; y a ellos, como a tales revisnietos, les conviene y perteneze tener el dicho preuilegio.

El alcalde comunica la situación a Gerónimo y le pide explicaciones de por qué se niega a entregar el privilegio. Este reconoce que lo tiene en su poder y:

… dijo que en las escripturas de Pedro de Prado, su padre, que auia traido de las montañas de León y del lugar de Prado, estava este preuilegio, el qual oyó deçir al dicho su padre que hera de Juan Ortega de Prado, veçino del dicho lugar de Prado y que auia muerto en la conquista y guerra del reyno de Granada, y que el dicho preuilegio oreginal no le dava por que es pariente.

Sin embargo, Gerónimo, que como asegura, es también descendiente de Ortega de Prado, acepta que se haga un traslado (o copia) del privilegio para los soldados. Tal copia, acompañada del acta que de los hechos levantó el escribano de Cózar, Juan Fernández, y de la fe de varios testigos es lo que compone XVII-007.

En XVII-008, de 1 de diciembre de 1610, uno de los dos soldados, Rodrigo,  describe las armas que adornan su escudo, que fueron las que su antepasado recibió de manos de los reyes y termina legitimando su derecho a portar esas armas con una genealogía que, desde Juan Ortega de Prado llega hasta él y sus hermanos.

Lo que se sabe de Juan Ortega de Prado

Parece ser que lo primero que se conoce de Juan[3] es, precisamente, la gesta de la toma de Alhama de Granada, el 28 de febrero de 1482, acción que, a la larga, fue decisiva en la conquista del Reino de Granada y, por tanto, de la culminación de la Reconquista y unificación de España. Juan se había presentado voluntario para la escaramuza y junto con otros acompañantes acometió la empresa. Había decidido subir por la parte del alcázar, la más sólida y por tanto, la menos vigilada. Él, seguido de otros quince, coronó la muralla. Andrés Bernáldez y también Alonso Fernández de Madrid afirman que Juan Ortega de Prado fue el primero en escalar, seguido por Martín Galindo y Juan de Toledo. Allí dieron muerte a los dos centinelas que había y antes de que nadie más se apercibiera, gran número de soldados cristianos habían escalado ya los muros. El alcaide de la fortaleza estaba en Vélez Málaga asistiendo a una boda y su esposa y otras mujeres fueron apresadas por los asaltantes. Versión parecida nos da Eduardo Zamora y Caballero:

A la mañana siguiente, que era la del 28 de Febrero, y unas dos horas antes de amanecer, se destacó una pequeña división al mando de Juan de Ortega, con el objeto de escalar la ciudadela [de Alhama], mientras el grueso del ejército se adelantó más lentamente para sostenerla, bajo las órdenes del marqués de Cádiz[4].

El 27 de octubre de 1483 Juan participó en la recuperación de Zahara, formando parte de las tropas al mando del marqués de Cádiz. Ortega de Prado, junto con nueve soldados escogidos, esperaron a los pies de la muralla a que otros diez jinetes cristianos retaran a una escaramuza a los moros para distraer su atención del lugar de la muralla que pensaban escalar. Así lo hicieron, sin embargo, un moro desde otro punto de la muralla percibió lo que ocurría y dio la voz de alarma, con lo que unos cincuenta defensores se aprestaron a atajar la invasión. Juan y los suyos se defendieron como pudieron y ganaron tiempo para que refuerzos escalaran la muralla y se precipitaran en su ayuda.

En enero de 1485 el propio Juan Ortega de Prado desaconsejó personalmente al Rey Católico una acción similar en un intento para tomar la ciudad de Loja. Fernando, haciendo caso a la experiencia del Escalador, desistió de su intento.

También en 1485 Fernando el Católico convocó a Ortega para que estudiase el asalto a los castillos de Mijas y Osunilla. Tras inspeccionar el terreno, se planificó la toma del primero de los dos objetivos. Llegado el día, Ortega se dispuso a subir por su escala y logró coronar la muralla acompañado de otros treinta hombres, pese a que, apenas había iniciado la ascensión, fueron descubiertos por los moros. No obstante, lograron hacerse fuertes arriba y ocuparon todo el alcázar. Sin embargo un gran número de defensores llegó hasta la muralla desde otros puntos de la ciudad y cercó a los asaltantes. Juan pidió ayuda a los que esperaban abajo pero nadie tuvo ánimo para acudir en su auxilio pese a las órdenes de su capitán, el conde de Ribadeo. En consecuencia, la avanzadilla debió retirarse escalas abajo. Algunos cayeron rompiéndose brazos y piernas. El mismo Ortega de Prado fue herido y sólo la mitad de ellos salieron con vida de su aventura.

En mayo de 1487 de nuevo está en acción el Escalador. En esta ocasión en el cerco de Málaga. Tras una tentativa fallida de escalar las murallas, antes de pasar veinticuatro horas lo intentó otra vez, en esta ocasión por la parte de Gibralfaro, pero la diosa fortuna no le perdonó más veces y cayó herido mortalmente por una flecha. Apenas pudieron replegarse algunos compañeros con él y murió al poco de llegar a lugar seguro. Siguiendo al ya citado Zamora y Caballero:

Entre los capitanes cristianos que allí perecieron [en el sitio de Gibralfaro] se contó el intrépido Ortega de Prado, aquél famoso jefe de escaladores que proyectó y fue el primero á ejecutar la célebre conquista de Alhama[5].

 Una variante insospechada aporta Antonio Martínez Miguélez:

Con la entrada de guerra total entre Granada y Castilla, adalides y cortadores de cabezas acuden en masa al llamamiento de la Corona, destacando Juan Ortega de Prado, conquistador en Zahara y Alhama de Granada, muerto heroicamente en Gibralfaro cuando defendía a un compañero herido de “una turba de moros”[6].

Incluso una versión diferente de la muerte de Ortega, tanto en el tiempo como en el lugar, nos la da Luis Suárez Fernández:

La campaña de 1485 tuvo otra pérdida: Ortega de Prado murió al intentar apoderarse de Mijas en el mes de septiembre. Había conseguido hacerse dueño de la torre, pero los refuerzos no pudieron llegar y los musulmanes le derrotaron[7].

Hay constancia de que antes de los hechos referidos, Juan Ortega de Prado participó en acciones al servicio de Juan II de Aragón y su hijo Fernando durante sus luchas contra el rey de Francia. Alonso de Palencia nos cuenta que llevó a cabo notables acciones en Cataluña y Zurita lo sitúa en las guerras del Rosellón francés.

Sobre su origen y condición familiar

Las noticias sobre su lugar de procedencia son ambiguas y dispares, seguramente debido a la confusión con otras personas de igual o parecido nombre. Así, su más fiel cronista, Alonso de Palencia, asegura que era un “noble caballero leonés”.

De la misma opinión es Joseph Álvarez de la Fuente:

A Veinte y siete de Febrero del año de 1482 tomaron las Tropas del Rey Catholico Don Fernando el V à los Moros la Ciudad de la Alhama, en el Reyno de Granada, siendo los principales Caudillos de esta empressa Don Diego de Merlo, Assistente de Sevilla; Don Rodrigo Ponce de León, Marquès de Cádiz; y Don Juan Ortega de Prado, natural de León, que fue el primero que reconoció el sitio, y entró en la Ciudad escalando el muro, y matando à sus centinelas[8].

También en la provincia de León lo sitúa otra versión:

Llamábase Juan Ortega de Prado el que aquel tercio acaudillaba, y era natural del Vierzo: soldado de gran corazón y altos pensamientos, endurecido en las fatigas de la milicia, codicioso de honra antes que de botín[9].

Eloy Benito Ruano en Gente del siglo XV, cita las opiniones de los cronistas Mosén Diego de Valera, que dice del escalador que era “natural de la çibdad de Cuenca”, y de Hernando del Pulgar, quien asegura era “vecino de Carrión”; también la del historiador Juan de Mata Carriazo, cuando lo afirma como “natural de Cuenca y vecino de Carrión”. Probablemente, la opinión de Diego de Valera sea un tanto partidista, ya que él mismo era natural de Cuenca. En concreto, De Mata Carriazo, siguiendo a los antedichos escribe:

Pero Juan Ortega de Prado, natural de Cuenca y vecino de Carrión, que había seguido la guerra junto al aragonés Juan II, decidió la elección por Alhama[10].

También según Benito Ruano, Alberto y Arturo García Carraffa, en su Enciclopedia Heráldica y Genealógica, lo vinculan a la ciudad de Loja, aunque no consignan la fuente de esta información. Finalmente, parece que algunos lo sitúan en Madrid sin mencionar este hecho expresamente. Así, en Historia de las Órdenes de Caballería podemos leer:

Servían personalmente en las huestes Reales, desempeñando mandos importantes, Alonso de Olivares, Fernando Vallejo, Gómez de Herrera, Peñalosa, Rivera Méndez, y el célebre artillero Francisco Ramírez, alistándose otros en la compañía que mandaba el esforzado Hidalgo Don Juan Ortega de Prado: compañía llamada Escaladores de Madrid, que adquirió heroica celebridad en cuantas batallas y asaltos de plazas tomó parte[11].

Unas páginas después vuelve el texto sobre lo mismo:

A la conquista de Málaga siguió la de otras importantes plazas, el sitio y capitulación de Granada, cuyos altos muros vieron por fin ondear el noble pendón que alzara Pelayo en Santa María de Covadonga. Los Caballeros de Madrid tuvieron la gloria de asistir a la caída del poder musulmán en España, y regresaron al descanso de sus hogares, dejando en aquellos campos de batalla tristes aunque gloriosos recuerdos. Entre otros Hijosdalgo y escuderos de menos cuenta, murieron el héroe de Alhama Don Juan Ortega de Prado[12].

José Amador de los Ríos y Juan de Dios de la Rada Delgado lo afirman expresamente, parece que siguiendo a Zurita:

Descendiente del desdichado maestre de Calatrava, don Juan Núñez de Prado, víctima del iracundo don Pedro de Castilla, había visto la luz del día en Madrid Juan Ortega de Prado, joven de tan elevado corazón como despierto ingenio: llamado por inclinación  al ejercicio de las armas desde su edad temprana, habíase distinguido en los conflictos de su patria, durante la guerra de sucesión; y volviendo luego su actividad á las fronteras granadinas, tenía ganada reputación de osado entre los más animosos escaladores, aventajando á todos cuantos se preciaban de conocer el arte de la guerra en el oficio de explorador, en que no tenía realmente par en los ejércitos cristianos[13].

Sobre su familia, se sabe que vivía con su mujer e hijos en Sevilla y que en enero de 1485 acudió a visitarlos brevemente, ya que fue avisado para incorporarse inmediatamente a la expedición contra Loja. Tal esposa respondía al nombre de Inés Barba y sus hijos eran doña María del Prado, doña Mayor Osorio y Juan de Prado. Ellas estaban casadas con dos hermanos, Luis y Sancho de Carranza, respectivamente y el muchacho parecía tener unos diez y siete años en 1501, año en que los hermanos firmaban sendos poderes a favor de su tío Juan Barba, para que gestionase ciertas rentas otorgadas a su difunto padre por los Reyes Católicos. Esta versión acerca de su familia parece que es confirmada por Juan Gil cuando dice:

Juan Barba Cabeza de Vaca, mayoral de San Lázaro, marido de Leonor de Torres. Fue curador de Juan de Prado, hijo de Juan Ortega de Prado y de Inés Barba (A.P.S. XXI varios años [14227], al 21 de septiembre de 1506)[14].  

 

Algunos datos nuevos

A raíz de lo contenido el los documentos XVII-007 y XVII-008 se puede arrojar algo de luz sobre algunos particulares de la vida de Juan Ortega de Prado. De entrada, y en lo que respecta al privilegio, queda claro que la copia del mismo que aparece en XVII-007 es fiel al original, pues tal y como hace constar el escribano:

Yo el ynfraescripto scrivano doy fee que el dicho preuilegio escrito en pergamino y sellado con el sello de las armas reales en plomo pendiente en filos de seda, el qual va vien y firmemente sacado corregido y conçertado en estas tres foxas de papel de medio pliego.

Aun con esta fe notarial, sorprendentemente, la data del privilegio no concuerda con el contexto histórico de su otorgamiento. Así, la merced dada por los méritos del escalador en la toma de la Alhama de Granada se fecha en 27 de febrero de 1470, año en que aún no se había producido la acción (28 de febrero de 1482) y en que el Rey Católico ni siquiera era rey. Así figura:

La qual dicha nuestra carta de preuilegio, en la manera que dicha es, bos mandamos dar y dimos en la nuestra çivdad de Alamar, a veinteysiete dias del mes de hebrero del ano de mill y quatrozientos y setenta años. Yo El Rey.

Algunos estudiosos con los que he estado en contacto opinan que puede ser una tergiversación interesada pero otros, que creo que tienen razón, porque no imagino el por qué de esa manipulación, piensan que es un error del escribano. A favor de esta opinión está el hecho de que sería muy burdo atribuir un hecho a Fernando antes de que fuera el Rey Católico. El año de 1470 se añade otras dos veces en XVII-008, una en cifras y la como sigue:

Preuilexio de armas que el catolico rey don Fernando de gloriossa memoria hizo merced de dar a Juan Ortega de Prado, mi rebisaguelo, quando escaló la çivdad de Alhambra, en el año de mill y quatrozientos y setenta años quando gano el reyno de Granada.

No parece casualidad la casi coincidencia de fechas entre la toma de Alhama (28 de febrero) y el otorgamiento del privilegio (27 de febrero). En XVII-007 se dice, además: «… por quanto vos el dicho Joan Ortega de Prado estades ferido de las feridas que bos dieron los moros en el zerco de Gibraltar.»

Esto nos puede llevar a otras conclusiones, alguna insospechada. Es fácil deducir que si se menciona el cerco de Gibralfaro (evidentemente, Gibraltar es un error del escribano), el otorgamiento no puede ser después de la toma de Alhama (1482), sino que hace avanzar su fecha, al menos, hasta 1487, pero por otra parte, parece deducirse que Juan sobrevivió a la acción de Gibralfaro, cuando según los hechos conocidos, casi murió en el acto, nada más que fue retirado de la muralla. Pudiera pensarse que la expresión “estades ferido de las feridas” puede interpretarse como fuisteis muerto por las heridas, pero, en tal caso, parecería que el privilegio fue otorgado a título póstumo. Además, parece raro que si el privilegio se otorgó después de Gibralfaro, no se mencione ninguna otra acción meritoria aparte de la toma de Alhama, obviando las posteriores de Zahara y Mijas. No obstante, como hemos visto, en XVII-008 se afirma que Juan murió en el cerco de “Gibraltar”, y resulta chocante esa aparente contradicción con XVII-007, apenas explicable porque el uno fue copiado por un escribano del original y el otro es un texto escrito por un descendiente de Juan, si bien, este descendiente estaba en posesión de los dos y conocía el contenido del primero. Podría pensarse con ello que el texto del privilegio es una especie de resumen (poco exhaustivo) de la carrera del Escalador y que podría no ajustarse demasiado al original del que pretende estar copiado; como si Rodrigo hubiera añadido otras glorias de su antepasado al privilegio (o exigido al escribano que las incluyera) para realzar más las grandezas del Escalador y con ellas su propia posición.

Sea como sea, no es fácil ponerle fecha al privilegio. Otro asunto que creo que tiene más fácil solución es el de su origen. Acabamos de ver que diferentes estudiosos le ubican en distintos lugares. En XVII-007 se puede leer:

Por quanto bos, Juan Ortega de Prado, mi escalador, vezino que soys del lugar de Prado que está en Valdetuéxar en el reyno y montañas de León, descendiente de las Cassas de Prado de Alvires y Baldetuéxar

Creo que no hay nada que añadir a esto, máxime cuando esta alusión a su lugar de origen no es única en los documentos, pero por si acaso diré que los Prado fueron señores de Albires y Valdetuéjar desde Martín Díaz de Prado, al que el Emperador Alfonso VII de León le dio la villa de Albires en el año 1148, convirtiéndose en el primero de una larga serie de señores. Ambos lugares están en la provincia de León.

Otros indicios a favor de esta hipótesis leonesa están en mis propias investigaciones genealógicas. El origen de mi archivo familiar, base de esta investigación, está en el Caserío de Villabonillos, un gran caserón en ruinas, a unos 35 kilómetros al sur de León, y que perteneció a mi familia durante la mayor parte del siglo pasado. Mi tatarabuelo lo heredó de un primo carnal, apellidado Prado (ya de tercer apellido), y que murió soltero y sin hijos. A los Prado perteneció el señorío de Villabonillos desde su fundación por Martín Díaz de Prado (homónimo del primer señor de Albires y once generaciones posterior) en 1418. Un hermano de este Martín era el maestre de Calatrava Juan Núñez de Prado, citado unas líneas atrás, muerto durante la toma de Antequera, en la batalla de Setenil, en 1410. Como hemos visto, según de los Ríos y de la Rada Delgado, el Escalador era descendiente de este maestre de Calatrava; por la diferencia de años, tal vez fuera nieto, o mejor aún, bisnieto. Por último, otra evidencia a favor se encuentra en el hecho simple de que XVII 007 y 008 aparecieran entre las ruinas del caserío, con más de otros mil de documentos relativos a la familia Prado. Presumo que todos fueron coleccionados por Francisco Joaquín de Prado (1723-1801), señor de Villabonillos, aunque residente en Mayorga. Si él tenía estos documentos en su archivo familiar es porque, de alguna manera, sabía que Juan Ortega de Prado se contaba entre sus antepasados.

En cuando a su familia, en XVII-008 Rodrigo de Prado afirma:

Juan Ortega de Prado fue padre de Diego Fernández de Prado, mi bisabuelo. Diego Fernández de Prado fue padre de Rodrigo de Prado, mi abuelo, [y casado con] María Fernández de Menta?, su mujer. Rodrigo de Prado fue casado con María Sánchez de Villapadierna, [fueron] padres de Diego Gutiérrez de Villapadierna, mi padre. Diego Gutiérrez de Villapadierna fue cassado con María de de Argomedo, mi madre, y fueron mis padres y de los dichos mis hermanos, todos legítimamente cassados y velados en faz de la santa madre Yglesia de Roma.

Vemos que alude a otro hijo distinto de los conocidos. En XVII-007 se lee:

… y decís dexáis en buestra tierra un fixo que se a de llamar Diego Fernández de Prado.

Por su parte, Rodrigo añade en XVII-008:

Juan Ortega de Prado, mi rebisabuelo, dizen que fue cassado con Maria Rodríguez, de los ydalgos de Valdetuéxar, y que quando se fue a la guerra de la conquista del reyno de Granada dexó a Diego Fernández de Prado, mi bisabuelo, a los pechos de su madre; y se murió en la guerra, en el cerco de Gibraltar, como lo dize este preuilegio.

Parece que apoyan esta versión de su familia, al menos en la existencia de un hijo llamado Diego, los ya citados José Amador de los Ríos y Juan de Dios de la Rada y Delgado:

En la [parroquia] de Santa Cruz moraba la familia de los Prados, cuyo antecesor Juan Ortega de Prado, célebre capitán de escaladores cuyas hazañas inmortalizan su nombre en la conquista del reino granadino, había fundado una capilla en aquella parroquia al lado de la mayor, dejando entre otros hijos a fray Diego, de la Órden de San Gerónimo, al bachiller de Prado, fiscal del Consejo del emperador, y á Francisco de Prado, continuo de la casa de Castilla y procurador de Córtes por el estado de los caballeros é hijos-dalgo de la parroquia de santa Cruz[15].

No obstante, y como ya hemos visto, estos autores le sitúan en Madrid, cuando en XVII-008 se afirma que su esposa era “de los hidalgos de Valdetuéxar”, sin que una afirmación excluya necesariamente a la otra. En ambos casos vemos un hijo llamado Diego que no figura en la versión ya expuesta de Juan Gil, que no atribuye ninguno de ese nombre a Inés Barba. Al mismo tiempo vemos en esta cita más de un hijo, sin embargo de XVII-007 y 008 parece inferirse que el Escalador sólo tenía uno. Además tampoco parece muy consecuente el hecho de que Diego, el que quedó a los pechos de su madre se casara y llegara a ser bisabuelo de los dos soldados con este otro Diego, que fue fraile jerónimo, sin que, nuevamente, una posibilidad excluya necesariamente a la otra, pues no fue infrecuente que hombres y mujeres con hijos ingresaran en un convento cuando enviudaban.  

 Dando por sentado que no conocemos la fecha de otorgamiento del privilegio, es difícil establecer una comparación cronológica entre la familia ya conocida, Inés Barba y sus tres hijos, y la esposa e hijo que aquí se descubren. ¡Curiosa la discrepancia de apellidos en esta segunda entre Juan, su esposa y su hijo! De la primera familia sabemos que su hijo menor Juan aparentaba tener 17 años en 1501, lo que quiere decir que pudo nacer hacia 1484. Por su parte, si Diego, el hijo de María Rodríguez, era una criatura que estaba siendo amamantada cuando su padre fue a la guerra, podía tener un año o poco más. Si consideramos que Juan se incorporó a la guerra en su primera acción (Alhama), estamos aceptando que su hijo nacería hacia 1480-81, con lo cual es plausible descartar la posibilidad de que el Escalador se hubiera casado de nuevo al enviudar de una eventual primera esposa, pues tiene un hijo de otro matrimonio que nacería hacia 1484, pero que tenía dos hermanas mayores ya casadas.

El privilegio

En XVII-008, Rodrigo de Prado Villapadierna describe el escudo:

Para pintar las armas de las Cassas de Prado de Albires y Baldetuéxar se a de pintar un escudo de plata, y en él un campo verde y en él un leon desollado con collar de oro y envajo dos lobos y una ençina en canpo amarillo con treze roeles por la orla del escudo. Estas son las de las dichas Cassas que les dieron los reyes de León, don Ramiro y don Fruela, para los decendientes de Juan Ortega de Prado y de Diego Fernández de Prado y de Rodrigo de Prado y de Diego Gutiérrez de Villapadierna, que son Rodrigo de Prado Villapadierna, veçino de Vidanes y Pedro de Prado Villapadierna, veçino de Mozos y Joan Gutiérrez Villapadierna, cura de Mozos, y Luperçio de Prado de Villapadierna, como decendientes del dicho Joan Ortega de Prado, cuyo es este preuilegio [del qual le hizo] merced el católico rey don Fernando, quando ganó [y conquistó] el reyno de Granada, como adelante lo [dixe…] que es el que se sigue, y el escudo se a de poner de esta manera.

Tras estas explicaciones, Rodrigo hace un dibujo del escudo, que es el que sigue en tinta junto al actual escudo de Alhama de Granada:

                                                              

Termina la descripción con los nuevos aditamentos:

Adbiertesse que en aquellos dos apartamientos del escudo donde a de estar el león a de ser el campo verde y el león desollado fermosseado con [collar] de oro con treze roeles por la orla del escudo.

Y en el otro apartamiento, a de ser el campo colorado y un castillo de oro, y en lo alto del castillo una granada, y del segundo pretil del castillo an de salir dos brazos con sus ramos[16], que en cada una mano tenga una llave que llegue a tocar a la granada, y por la orla seis estrellas doradas en campo azul de color de çielo, como lo dize el preuilegio, al pie de la letra, sin quitar ni poner cossa. Y el curiosso pintor y el que lo pidiere, lo pongan más curiosso de lo que aquí va, con zelada ençima del escudo. Y estas son las armas que nos pertenecen por vía de barón, derecha y legítimamente.

Y por verdad lo firmé de mi nombre, en Vidanes, a primero de diçiembre del año de mill y seisçientos y diez años.

Rodrigo de Prado Villapadierna.

Como vemos, el dibujo que Rodrigo realizó del escudo de su antepasado no parece coincidir exactamente con la descripción que hace de él, parecería más bien una versión simplificada del escudo de Juan Ortega de Prado antes de añadirle nuevas armas, aunque tiene algunas de ellas, ya que no sólo aparecen los trece roeles del escudo antiguo, sino también las seis estrellas incorporadas por el privilegio. Sin embargo en la descripción posterior, con los nuevos añadidos, se mencionan elementos perfectamente reconocibles en el actual escudo de la ciudad de Alhama de Granada que podemos ver junto al anterior.

No sólo el reconocimiento de los reyes a la valentía de su escalador fue el del encumbramiento a la nobleza de armas, también se materializó en cierta merced expedida en Vitoria —donde a la sazón estaba la corte por aquellos días— el 26 de diciembre de 1483, consistente en la concesión de 15 cahíces anuales de pan, por espacio de diez años, tomados de los bienes de Diego Gómez Delgadillo regidor de Carmona condenado por hereje, a favor de Ortega de Prado, escalador, en premio a su brillante comportamiento en las acciones de Alhama y Zahara[17].

Otra muestra de la estima en que le tuvieron los Reyes Católicos la encontramos en el Codicilo del Testamento de Isabel. Según Vidal González Sánchez:

Otra cosa era la aplicación de estas 20.000 misas “De Requiem” que la testadora dispone en su codicilo. Constituía un puro acto de caridad y de agradecimiento hacia aquellos de quienes ya no se puede esperar en esta vida un reconocimiento de acción de gracias ni otro beneficio tangible. Esta conducta por parte de Doña Isabel no era nueva. Hay abundancia de precedentes a lo largo de las campañas de guerra, tanto en la de sucesión como en la de Granada y en la rebelión de los moriscos. Conocido es el caso de Málaga en cuya conquista hubo buen número de muertos, entre los cuales se encontraba el famoso “escalador Ortega”[18].

En la versión de su familia sevillana, también se le otorgaron prebendas: hemos visto que Juan Barba, el tío de sus hijos recibió un poder de sus sobrinos para que gestionase ciertas rentas otorgadas a su padre difunto por los Reyes Católicos. Además, siguiendo nuevamente a Vidal González Sánchez, a pesar de que la cita concreta se fecha con anterioridad a las hazañas de Ortega de Prado:

Pulgar en el capítulo CXV de su Crónica cuenta cómo en 1480 la Reina Católica encargó al director de su conciencia que, mediante veinte millones de maravedís diese satisfacción a cuantas personas hallare que habían sido víctimas en sus bienes, vidas, salud, etc., en las guerras pasadas[19].

Una última muestra de la preocupación de los Reyes Católicos por los herederos de Ortega que los incluyen en las conocidas mercedes “por apresçio”:

Se utilizan para remunerar servicios y aliviar los perjuicios experimentados por algunos de los destinatarios de las susodichas mercedes, pero también se pagan salarios y quitaciones para los que no hubo libranzas en su tiempo: la merced más cuantiosa es la de los herederos del famoso especialista en operaciones por sorpresa, el escalador Ortega de Prado, que reciben 331.000 maravedíes (…) Los bienes apresçiados son, en general, casas y haciendas de mudéjares que no tienen justificación legal para disponer de las mismas (…), también los censos que pagan los musulmanes por el alquiler de casas o construcción de nuevas viviendas y, finalmente, el fruto de la tasación de los esquilmos y rentas obtenidos por aquéllos durante los años de tenencia ilegal de los predios que ahora le son arrebatado (…) En la merced recibida por los herederos de Ortega de Prado entraban 37 haciendas mudéjares[20].

Conclusión

¿Se puede sacar algo en claro de estos nuevos documentos aportados? Ignoro cómo obtuvieron sus conclusiones los que concretaron los datos conocidos de las fuentes primarias acerca de su origen, su familia y cualquier otra consideración. Sin embargo, una cosa es clara: si aceptamos que la copia del privilegio en XVII-007 se ajusta al original y que el documento XVII-008 también es fiel a la verdad, es decir, si descartamos que sean un fraude, como algún investigador con el que estado en contacto supone (el hecho de que la descripción del escudo trazada en XVII-008 sea muy parecida al actual escudo de Alhama es un punto a favor de esta veracidad), debemos admitir que el Rey Católico se dirige a Ortega de Prado y lo que de él dice debe ser verdad: es “del lugar de Prado que está en Valdetuéxar en el dicho reyno y montañas de León”, su esposa es María Rodríguez y su hijo Diego Fernández de Prado. Sin querer quitar importancia a otras fuentes, parecería posible que algunas se basaran en comentarios o escritos anteriores, en informaciones recogidas “de boca a boca” o se puede haber producido confusión con otros Juanes Ortega, como dice don Eloy Benito Ruano, respecto al “rastreo archivístico-bibliográfico” de la vida de Juan, los resultados son:

Negativos de modo cierto, en cuanto a diferenciarle claramente de otros homónimos suyos (Juanes Ortega) más o menos coetáneos[21].

Autores posteriores no harían sino recoger estas primeras opiniones y, tal vez, decantarse por una u otra. En lo que respecta a esto, los documentos XVII-007 y XVII-008 son claros: el Juan Ortega de Prado al que se refieren es indudablemente el Escalador y el Rey dice lo que dice de él a sabiendas de que es cierto.

Estaría encantado de debatir con quien esté interesado en esta historia y pasarle copia de los documentos para que saque sus propias conclusiones.

Fernando Martínez Pariente (femapar@hotmail.com)

Bibliografía

Todas las obras señalas [en línea] se encuentran disponibles en Google Books

ÁLVAREZ DE LA FUENTE, Joseph, Diario histórico político-canónico y moral, Madrid, 1732 [en línea] [Consulta: 15-08-2013].

AMADOR DE LOS RÍOS, José y DE LA RADA DELGADO, Juan de Dios, Historia de la villa y corte de Madrid, tomo segundo, Madrid, 1862 [en línea] [Consulta: 15-09-2013].

BENAVIDES, Antonio y GIL DORREGARAY, José, Historia de las órdenes de caballería y de las condecoraciones españolas, Vol. 2, nº 1, Editor Dorregaray, Madrid, 1864 [en línea] [Consulta: 15-09-2013].

BENITO RUANO, Eloy, Gente del siglo XV, Real Academia de la Historia, 1998 [en línea] [Consulta: 21-09-2013]

GIL, Juan, Los conversos y la Inquisición sevillana: ensayo de prosopografía, Universidad de Sevilla, 2001 [en línea] [Consulta: 19-09-2013].

GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Vidal, El testamento de Isabel la Católica y otras consideraciones en torno a su muerte, Instituto de Historia Eclesiástica “Isabel la Católica”, Arzobispado de Valladolid, Madrid, 2001.

LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, José Enrique, “El repartimiento de Vélez-Málaga”, Andalucía de la Edad Media a la Moderna, Cuadernos de Historia. Anexos a la revista Hispania, tomo 7, Instituto Jerónimo Zurita (CSIC), Madrid, 1977 [en línea] [Consulta: 15-09-2013].

MARTÍNEZ MIGUÉLEZ, Antonio, Héroes, aventureros, caudillos y gestas, Aebius, 2010 [en línea] [Consulta: 20-10-2013].

Semanario pintoresco español, segunda serie, tomo II, 1840 [en línea] [Consulta: 15-09-2013].

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, DE MATA CARRIAZO, Juan, FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel, La España de los Reyes Católicos (1474-1516), Espasa Calpe, 1969 [en línea] [Consulta: 21-09-2013].

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Los Reyes Católicos: el tiempo de la Guerra de Granada, Forjadores de Historia. 1989 [en línea] [Consulta: 12-09-2013].

ZAMORA Y CABALLERO, Eduardo, Historia general de España y de sus posesiones de ultramar, tomo III, Biblioteca Universal Ilustrada, Madrid, 1874.


Notas

[1] Quiero agradecer a Mayte Díez Martín la oportunidad que me da de hacer públicos mis documentos y las conclusiones que de ellos he sacado. También por su paciencia y consejos en la corrección de este texto que, gracias a ella, tiene la apariencia profesional que yo nunca hubiera conseguido solo.

[2] La corrección de las transcripciones han sido hecha por Mayte Díez. Normas de la trascripción: se ha respetado la grafía original del manuscrito. Así, se mantiene el uso indebido, según la ortografía actual, de de b por v o vicersa, de z por c o viceversa, la n delante de b o p. La u y v empleadas indistintamente como vocales o consonantes se transcriben conforme a su valor fonético. Las letras dobles en principio de palabra se transcriben como simples, por el contrario, se respetan las que van en medio de palabra. En la separación de palabras se sigue el sistema actual. Se mantienen las contracciones en desuso de palabras, como deste (de este), quel (que el), etcétera. En el uso de mayúsculas y minúsculas, acentuación de las palabras y puntuación del texto se sigue el sistema actual. Entre corchetes van las palabras conjeturadas [aaa], entre corchetes con puntos suspensivos […] las lagunas producidas en el texto por rotura emborronados o grafía ilegible. Las repeticiones inútiles de palabra o palabras, productos de la distracción del escriba, se transcriben tal como aparecen y avisando de ello con (sic) al final de lo inútil. Una interrogación al final de una palabra indica una trascripción no segura por grafía ilegible.

[3] En general, los datos presentados sobre la historia de Juan Ortega de Prado, salvo en los que expresamente se cite otra fuente, han sido tomados de E. BENITO RUANO, Gente del siglo XV, págs. 121-148.

[4] E. ZAMORA Y CABALLERO, Historia general de España y de sus posesiones de ultramar, Tomo III, pág. 196.

[5]. Ídem, pág. 234.

[6] A. MARTÍNEZ MIGUÉLEZ,  Héroes, aventureros, caudillos y gestas, pág. 36.

[7] L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Los Reyes Católicos: el tiempo de la Guerra de Granada, pág. 143.

[8] J. ÁLVAREZ DE LA FUENTE, Diario histórico político-canónico y moral, pág. 500.

[9] Semanario Pintoresco Español, Segunda serie, tomo II, pág. 243.

[10] L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, J. DE MATA CARRIAZO, M. FERNÁNDEZ, La España de los Reyes Católicos (1474-1516), pág. 439.

[11] A. BENAVIDES y J.G. DORREGARAY, Historia de las Órdenes de Caballería y de las condecoraciones españolas, Volumen 2, Número 1, pág. XXXIII.

[12] Ídem, pág. XXXV.

[13] J. A. DE LOS RÍOS y J. DE DIOS DE LA RADA Y DELGADO, Historia de la Villa y Corte de Madrid, tomo segundo, pág. 172.

[14] JUAN GIL, Los conversos y la Inquisición Sevillana: ensayo de Prosopografía, pág. 321.

[15] J. A. DE LOS RÍOS y J. DE DIOS DE LA RADA DELGADO, Historia de la villa y corte de Madrid, tomo segundo, pág. 444.

[16] Tal vez quiso decir con sus manos.

[17] Documento del Archivo General de Simancas, AGS, RGS, Leg. 148312,7. Citado y transcrito por E. BENITO RUANO, Gente del siglo XV, pág. 146-148.

[18] V.  GONZÁLEZ SÁNCHEZ, El testamento de Isabel la Católica y otras consideraciones en torno a su muerte, pág. 213.

[19] Ídem, pág. 212.

[20] Libro 3º del Repartimiento, fols. 144 y ss. AGS; Cámara de Castilla. Libro 254, fol.185 vº. Citado por J. E. LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, “El repartimiento de Vélez-Málaga”, Andalucía de la Edad Media a la Moderna, Cuadernos de Historia. Anexos a la revista Hispania, tomo 7, Madrid, 1977,  págs. 415 y 418.

[21] E. BENITO RUANO, Gente del siglo XV, pág. 136.




Casa de los Tusinos

 

Historia de la Casa de Tusinos

Juan José Sánchez Badiola
«Pocos solares nobiliarios habrá en la España norteña que puedan ostentar un repertorio de noticiashistóricas, legendarias, genealógicas y heráldicas parejo al de la casa y linaje de Tusinos, en lasmontañas de León. Su apego a las tradiciones familiares, los sucesivos enlaces con la mayor partede casas y mayorazgos de la región, y su afán de pervivencia a través de capellanías, casonas e incontablesemblemas heráldicos esparcidos por los altos valles leoneses, hicieron de ella compendiode la nobleza montañesa y archivo de su pasado y su memoria. Tusinos, donde se halló el solarprimitivo de esta familia, es hoy un despoblado perteneciente al pueblo de Cuevas. El topónimose recoge, con la forma «Tosinos», en documentos de Carbajal y Otero de las Dueñas, de los años1211 y 1329, junto con el vecino Cuevas, del que llegaría a constituir, andando el tiempo, unasuerte de anejo, antes de despoblarse completamente. También se cita, poco más tarde, a GonzaloFernández de Tosinos.

El probable prosaísmo de su etimología dejó paso a la leyenda y la recreación histórica, en favorde la prosapia de los más señeros linajes de Valdeviñayo, de forma que en todo el valle no quedótopónimo que no se vinculara, de forma más o menos holgada, al ciclo heráldico-legendario protagonizadopor el aguerrido Álvaro el Thiufado y sus coetáneos Capitán Colinas, Pedro Aspré, Pedrode León y algunos más. Todos ellos se destacaron en la lucha contra la morisma en los mismosalbores de la Reconquista, combatiéndolos por su cuenta o al servicio de Don Pelayo, y con remateen la conquista de la ciudad de León.»

                                                                                                                         El artículo completo en la web 

Señorío de Tusinos

Fee de armas

(27/04/1584)

Yo Diego de Urvina, rey de armas de el rey don Phelipe, nuestro señor. Certifico y hago fe entera y crédito a todos quantos esta carta vieren, como en los libros y copias de linages que yo tengo de estos reynos, parece y está escripto en ellos el linage y armas de los Álvarez de la montaña de León, que comienza a fojas quatrocientas y quarenta y dos y, entre otros capítulos que hablan de este linage, está uno a folio quatrocientos y quarenta y seis, cuyo tenor es como se sigue:

Los de este linage y descendencia de los Álvarez tienen su solar notorio y conocido en el valle de Cuebas y Tusinnos, y en el valle de Bega de Gordón, en el lugar de Bebrino, en las montañas de León, como está dicho a foxas quatrocientas y quarenta y dos, mas ha parecido aclararlo y distinguirlo, más por la diversidad con que husan de el apellido y armas y que no se confundan en esto.

Este apellido en su principio fue patronímico, porque tubo principio de vn thiuphado de el tiempo de los reyes godos que los thiuphados heran cappitanes de mill hombres y heran por la mayor parte de sangre real, los que en las elecciones de los reyes tenían voto, actibo y pasivo, y sus consegeros, en las cosas de la paz y de la guerra…

(ARChV, PL CIVILES, PÉREZ ALONSO (OLV), CAJA 1277,1

[(1769 / 1788)- Se inserta el traslado de la fe de armas en este pleito (pieza 20, folios 7-11), a instancia del licenciado Francisco Antonio Álvarez de Miranda, de Benllera (León), en disputa con Luis Quijada, marqués de Incio, de Madrid, y Aquilino de Salamanca, marqués de Villacampo, de Burgos, sobre la pertenencia de un censo y sus réditos otorgado, en 1589, por el marqués de Astorga a favor de Pedro Álvarez García de las Cuevas, vecino de Moratalla (Murcia)]

                                                                                             La transcripción completa de la fe de armas en la web 

Señorío de Tusinos

 

 

 

 

 

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid

ARCHV-PL.-CIVILES-PÉREZ-ALONSO-OLV-C.-12771

 

 

 

                          Más información sobre este importante pleito y el proyecto de investigación Tusinos en

Señorío de Tusinos


Diario de León.

La señorita de Benllera sí tenía tesoros ( Diario de León - 24/01/2014 )

Fue siempre ‘La Señorita’ incluso durante su vejez, como consta en el panteón ( Diario de León - 24/01/2014 )

Emilio Gancedo.  León 24/01/2014

Los tesoros ocultos de la señorita de Benllera

Esteban Álvarez Castañón, joven investigador, administrador y guardián de la poderosa casa señoríal de los Tusinos, pide ayuda para ordenar y mostrar al público el ingente legado de la familia Álvarez de las Cuevas.

La señorita de Benllera sí tenía tesoros

Esteban Álvarez Castañón, joven investigador de la poderosa casa señorial de Tusinos, pide ayuda para mostrar un abultado patrimonio que incluye arte, libros, colmillos de mamut y un pleito de tres siglos. Sus dominios se extendían desde la playa del Sardinero hasta la enorme quinta de El Abrojo, en Valladolid, y la última moradora del palacio se enorgullecía de haber dormido, cada noche de su vida, «en terreno de mi propiedad». Se trata de la familia Álvarez de las Cuevas, de múltiples ramas englobadas bajo el nombre de Casa de Tusinos. Hoy, su administrador quiere divulgar un legado de obras dispersas, alguna hasta en el Museo del Prado, y busca crear el museo de esas nobles que en Omaña y Luna llaman ‘las señoritas’.

 
 

La tradición oral de los valles de Luna y Omaña abunda en referencias a una poderosa casa señorial ramificada en múltiples ramas y apellidos pero cuyo primer solar puede rastrearse hasta el lugar de Cuevas de Viñayo y su amplio valle, el de Tusinos. La familia de los Álvarez de las Cuevas se extendió por diversos lugares del Norte y el Centro peninsular sembrándolos de obras de arte, libros incunables, muebles antiguos y numerosas sorpresas. Y célebre entre sus muchos miembros fue Manuela Álvarez de Miranda y Cuenllas, conocida como La señorita, hija de doña Bernarda Cuenllas, cuyas posesiones se extendían desde el Sardinero hasta Valladolid y la última moradora de la residencia más señera de esta saga, el palacio de Benllera.

 

 

Fue siempre ‘La Señorita’ incluso durante su vejez, como consta en el panteón

Fallecida en 1951, Manuela Álvarez de Miranda y Cuenllas fue conocida en toda la comarca, por su soltería, como ‘La Señorita’, y tan arraigado estaba ese título que así consta en el viejo panteón de Benllera donde comparte rótulo con su madre —ella sí, ‘la señora’— en curioso orden matrilineal. Esteban Álvarez recuerda que fue «una mujer humilde y querida que ayudaba a toda persona necesitada que acudía a su casa». Era hija de doña Bernarda Cuenllas, señora de Benllera, y sobrina de doña Jacoba, señora de Tusinos honorífica; su hijo fue don José Álvarez de Miranda, el último que ostentó tan preciada dignidad». En cuanto al nombre de la casa, la fe de armas y la leyenda popular dictan que el primero del linaje venció en estos valles a los sarracenos sin esperar la llegada del rey Pelayo. Cuando éste se presentó, dijo: «Tú sin Nos has vencido, y ese será tu apellido».

Custodia en Benllera del legado cultural de la casa de los Tusinos

Entusiasta investigador de todas las cosas de la familia, Esteban Álvarez Castañón, nombrado por doña Rosalía, la última descendiente de la casa, «guardián y dueño del patrimonio de los Tusinos» («por vínculo de estirpe al concurrir en mí los apellidos de Álvarez y Castañon», aclara), está empeñado en divulgar el amplio patrimonio histórico y artístico que esta poderosa casa leonesa fue acumulando. Para ello, plantea a las instituciones varias posibilidades, desde la cesión de determinadas piezas para una exposición «que, quizá, podría tener lugar en el Museo de León» o la más ambiciosa, la creación de un ‘Museo de la Señorita’ con la mayor cantidad posible de obras de arte familiares.

Lugar idóneo para su ubicación sería el palacio de Benllera, aunque hace ya tiempo fue comprado por un particular. «De todas maneras, con una parte de esa casona bastaría, quizá uno de los torreones», propone Álvarez Castañón, quien es capaz de hablar horas y horas de los Tusinos a pesar de su insultante juventud: con sólo 26 años lleva más de tres completamente volcado en la investigación de este asombroso legado. «Todo está perfectamente referenciado y documentado», avisa sobre la gran cantidad de legajos que ha revisado en la Chancillería de Valladolid, en el Archivo Histórico de León… eso sí, con la ayuda profesional de la historiadora María Teresa Díez Martín.

Entre ese patrimonio, Esteban Álvarez destaca piezas «como el escudo de madera de nogal de los Tusinos, tallado hace 200 años; y el enorme trono de doña Bernarda, así como su retrato y el despacho entero; la coleccion de bargueños de los siglos XVII, XVIII y XIX; una acreditada pinacoteca en la cual pueden encontrarse obras de pintores como Eduardo Cano de la Peña, de la escuela de Carreño de Miranda; la famosa arca de los Tusinos, una colección de marfiles de mamut… y la extensa documentación y archivo de la casa». Objetos todos ellos guardados en inmuebles de Omaña y Luna, amén de Madrid, donde reside doña Rosalía, y que se unen a otros en la ‘diáspora’ como una bandeja de plata que expone el Museo de San Isidoro de León y que representa la legendaria batalla de Camposagrado, o el llamado ‘retablo de los Tusinos’ de Carrocera que se encuentra en el Museo del Prado.

En cuanto a documentación, libros y legajos, la cosa daría para varias tesis doctorales, aunque, de tener que quedarse con algunos, Esteban Álvarez Castañón reseñaría «la fe de armas, que data de 1584 y está firmada por Felipe I, y el pleito con el Marqués de Astorga apoyado por los marqueses de Inicio-Villalcampo y la Casa de Alvar, que es con lo que más he trabajado». Un litigio descomunal surgido a causa de determinados préstamos no devueltos que duró más de tres siglos —de 1500 a 1867— y en el que, como recuerda Álvarez, se puso «medio marquesado de Astorga» como garantía. Pero además existe un misal que data de 1696 y un árbol genealógico que se remonta a la época de los primeros reyes asturleoneses… una documentación de la que nunca se separa el joven ‘guardián de la casa’. «Siempre viajan conmigo», asegura.

«La casa solariega de los Álvarez de las Cuevas estuvo originalmente en Cuevas de Viñayo, era la que llamaban ‘la casa blanca de Cuevas en Tusinos’, de la que hoy sólo quedan algunos restos —repasa Esteban— pero después sus moradores y descendientes se trasladaron a la casona de Benllera al casarse María Álvarez de las Cuevas con Domingo Fernández de Colinas y Zúñiga, y también pasaron con ellos los escudos de armas y parte de la capilla». Pero la familia contaba con más residencias y propiedades, «entre ellas el palacio de Folloso, la ‘casona del manco’ de Cuevas, la casona de Sorribos de Alba, el edificio que se alzaba en el número 8 de la calle Cardenal Landázuri de León y que hoy es parte de Nuestra Señora de Regla y del colegio de las Carmelitas, el palacio de los Cuenllas en La Cueta de Babia, barrio de Cacabillo… más 1.734 fincas repartidas por 23 ayuntamientos de la provincia de las que hoy solo quedan en manos de la familia 78, divididas entre los diversos herederos».

De cualquier modo, y al menos a corto plazo, el primer movimiento de Esteban Álvarez Castañón será la puesta en marcha de una página web en la que irá ‘colgando’ documentos, textos e imágenes relacionadas con este formidable linaje. Lo que no sería posible, objeta, son las donaciones, ya que el grueso principal del patrimonio «no se puede vender, donar ni dividir, aunque sí son factibles las cesiones, siempre por un periodo determinado y regresando de nuevo a la familia: ese es el deseo de la firmante del último vínculo, que el legado no se desmembre y quede como parte de la historia leonesa para su estudio y conservación».

«Para mí, no hay duda —conluye el ‘guardián’—: fue la casa más importante de León y parte de Castilla por su entronque con otros célebres linajes como los Castañones de Monroy y los Rodríguez-Castañón, con la casa de Medina-Sidonia y la casa de Alba, con los marqueses de Inicio, con los de Villalcampo, con el Marquesado de Astorga… y hasta con el mismísimo Enrique de Trastámara».

La leyenda popular dice que la riqueza de la familia provenía de un fabuloso tesoro que encontraron en el monte. Al final los Tusinos sí tenían tesoros, pero eran de otra índole.

 


Entrevista televisiva a Esteban Álvarez Castañón sobre su linaje familiar,  Castilla y León Televisión. Leon. 13/02/2014        


Otras publicaciones sobre el tema en la Red:

Asociación Cultural Instituto de Estudios Omañeses (I.E.O)

El desconocido “señorío de Tusinos” y sus tres miembros más reconocidos “las señoritas de Benllera” por esteban Álvarez Castañón (guardián del legado histórico Tusinos)

 

2014. Actos celebrados en Lois, homenaje a la familia Castañón, en la línea Tusinos

 

 

 

 

 


2015. Encuentro de Tusinos
De izquierda a derecha: Gerardo Álvarez de Miranda Torres, Esteban Álvarez Castañón,
Fernando Álvarez de Miranda Torres y su hijo Fernando Álvarez de Miranda

 

 

 

 

2016-05-11. Caballero

Esteban Álvarez Castañón, caballero de España y Portugal de la Orden de San Miguel del Ala.

Junto a su Padrino el señor duque de Maqueda

 

 

 

 

 

 

2017. Encuentro en León

De izquierda a derecha: Mayte Díez Martín (directora de esta revista, historiadora y genealogista), Esteban Álvarez Castañón (descendiente y custodio de la casa de los Tusinos),  doctor Juan José Sánchez Badiola (historiador medievalista y leonés), Chelo Fernández (directiva del Instituto de Estudios Omañeses (I.E.O.)) 

 

 


 
 

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Los hijosdalgo de Cabañas del Portiel de Don Fernando (Cabañas Raras). El bierzo

Aquilino Guerra Mallo

(Colaboración de María Teresa Díez Martín)

 

El estamento noble: los hijosdalgo de Cabañas 

(Capítulo del libro CABAÑAS DEL PORTIEL DE DON FERNANDO. DEL SIGLO XV AL XVIII, Ponferrada, 2013)

 

 

Velico Auriolis: la hidalguía de privilegio de los García Castañón de Cabañas, 1649

Segundo pleito de Velico Auriolis

Los descendientes Auriolis, hidalgos de privilegio

Las reales provisiones de hidalguía en el siglo XVIII

Los Guerra

Los Álvarez del Puerto

Los Marqués

García Lorenzana

 

Considerado en conjunto el período, y como fue apuntado en el esbozo introductorio del Antiguo Régimen, la mayor parte de los vecinos de Cabañas pertenecía al estado llano o del común y la pequeña nobleza fue escasa, en comparación a la abundancia de la misma en el norte peninsular. Más teniendo en cuenta el aumento progresivo del ascenso social a la hidalguía desde el estado llano, que conformó un fenómeno social general en los reinos de España y cuya consecución se acrecentó durante el siglo XVI , seguida de un descenso en el siglo XVII y un repunte en el XVIII.

Hasta donde ha llegado nuestra investigación, en Cabañas no constan hidalgos durante el siglo XVI. Los censos de la centuria sólo dan noticia de vecinos del estado general y en el de millones de Felipe II, 1591, se especifica con claridad que había 46 vecinos pecheros y ningún hijodalgo[1]. Es ya en el siglo XVII cuando se pueden documentar varios linajes hidalgos notorios. Aunque en este siglo solo se expidió el título de hidalguía de privilegio de los García Castañón, ya que el resto obtendría su acreditación por real provisión en el siglo XVIII.

Pero, antes de exponer la información histórico-genealógica y la trayectoria judicial seguida por estos cabañeses para la obtención de su hidalguía, se hacer precisa una breve explicación de la tipología y significación social de los hijosdalgo.

La denominación de hijosdalgo, o nobleza no titulada en la aceptación general, se refiere a los hijos de algo o de alguien, siendo ese algo en su origen sinónimo de ricohombre. El principio de las hidalguías está en el Medievo, cuando los reyes reconquistadores las constituyeron como distintivo de nobleza para los vasallos que les habían prestado servicio de armas. Eran los caballeros, que tenían caballo y armas y ocupaban el escalón más bajo de la estructura piramidal del estamento de la nobleza. La hidalguía era hereditaria por vía de varón. Tal adscripción social, y ya sentados sus fundamentos por los Reyes Católicos, fue durante el Antiguo Régimen de privilegio y muy ventajosa, pues los hijosdalgo estaban exentos de ciertos tributos reales y concejiles, tenían derecho a ocupar cargos relevantes en los concejos por su estado, gozaban de distinciones y preeminencias en la vida social y la justicia se les aplicaba por un régimen jurídico propio que, por ejemplo, impedía encarcelar a los hidalgos por deudas, al menos en teoría, torturarles en prisión o le otorgaba el derecho a recibir compensación económica por injurias.

No obstante esta caracterización general de la hidalguía, los reconocidos en ella no conformaban un grupo homogéneo. Se imponía el reconocimiento jerárquico, por el cual en lo más alto estaban los hidalgos de sangre, los solariegos, herederos de muchas generaciones atrás y públicamente reconocidos: “con casa y solar conocido”. Les siguen los hidalgos notorios, también de sangre por su aceptada nobleza de linaje pero sin solar físico. Con menor consideración, e incluso apartados por los anteriores, estaban los hidalgos de privilegio que obtenían la nobleza como recompensa por algún servicio puntual a la Corona, civil, militar o económico, además de los muchos concedidos a grados de las Universidades. Otra variante, baja en consideración respecto a los linajes de sangre, es la hidalguía de ejecutoria, así llamada por el documento que contiene la sentencia definitiva, real carta ejecutoria, derivada de un pleito en el que el pretendiente a hijodalgo había de demostrar su nobleza frente a los concejos que se la negaban.

En el último escalón de la condición hidalga, estaban los que sin llegar a ser hidalgos en toda su extensión gozaban de ciertas exenciones e inmunidades correspondientes a este estado. Eran los llamados hidalgos de bragueta y de gotera, los primeros cuando podían acreditar siete hijos varones, consecutivos, habidos en legítimo matrimonio. Los de gotera eran los que no podían acreditar su hidalguía más allá de su padre y tenían limitados sus privilegios al lugar donde residían, perdiéndolos si pasaban a otra localidad.

Por último, había otras hidalguías derivadas de la pertenencia a un lugar o territorio que comprendía a todos sus habitantes por algún privilegio real u otras circunstancias históricas. Así se reconocía la hidalguía universal de los vascos, hecha ley en el Fuero de sus señoríos, o la de varios lugares de solar conocido de hijosdalgo como, por ejemplo, el solar riojano de Valdeosera o el del Páramo de la Focella en Asturias que aquí se tratará[2].

En consecuencia de los privilegios y beneficios disfrutados por esta pequeña nobleza, y como se ha comentado, la hidalguía se constituyó en la meta del ascenso social para las gentes del estado llano. Sobre todo para los que tenían medios y se destacaban en cargos públicos, unas condiciones que los equiparaba en una parte de la vida noble, en el mundo rural más cercanos a la nobleza si eran hacendados que no trabajaban directamente sus tierras. Se imponía, entonces, el reconocimiento social de una hidalguía notoria, atestiguada por pública voz que gozaba de algunos de los privilegios y exenciones de tal condición. Era importante por tanto la acreditación legal que imponía la Corona y la vía para conseguirla fue pleitear ante la justicia real, en las Chancillerías de Valladolid y Granada, por una carta ejecutoria o una provisión de hidalguía. Recursos que requerían presentar las pruebas de la nobleza de los ascendientes hasta tres generaciones, la legitimidad de los matrimonios y nacimientos, la limpieza de sangre, las exenciones tributarias disfrutadas como hidalgos de hecho que estaban incluidos en los padrones de nobles, los oficios y cargos públicos desempeñados y las testificaciones de la notoriedad pública de su condición. Al margen de las situaciones en las que los hijosdalgo de sangre necesitaron revalidar su condición pleiteando, buena parte de las hidalguías de ejecutoria o de provisión de los hombres buenos o pecheros se conseguían, como es conocido, con probanzas ficticias, pues es un hecho cierto que se compraban fidelidades de escribanos y testigos. Si a esta disposición económica añadimos los elevados gastos que conllevaba proseguir un pleito, tenemos un perfil generalizado de pecheros, labriegos y artesanos acomodados los más, que accedían a la hidalguía cuando su economía prosperaba.

Pero no todos los hidalgos eran ricos, y sobre el panorama general peninsular se puede hablar de una elevada cantidad de hijosdalgo pobres o de economías modestas. Sobre todo en el norte donde podían ser tanto propietarios de tierras y rentas como jornaleros o con otros muchos oficios. Aunque menores en número, también los hidalgos castellanos contaron con su porción de pobres[3]. Muchos de sangre y solar conocido había que eran de “rocín flaco y galgo corredor”, como tan genialmente universalizó Cervantes en el Quijote, hijodalgo de Castilla.

El cometido de delimitar los estados era función de los concejos a efectos fiscales, y de ello se derivó un conflicto de intereses que transcurrió durante todo el tiempo del Antiguo Régimen. Porque los montos de los impuestos reales se repartían a pagar por cabeza de familia (de ahí el nombre común de repartimientos) entre todos los vecinos pecheros y a más exentos de tributar por sus privilegios de hidalguía aumentaban las cantidades a repartir entre los pecheros. Los concejos, cuidando de su interés, se resistían a reconocer hijosdalgo que no estuvieran acreditados y, en consecuencia, apuntados a los padrones de pecheros les reclamaban o embargaban los tributos como a gentes del común o les adjudicaban oficios en el concejo propios de pecheros. Contra esta adjudicación obligada de estado llano, se revelaban los aspirantes a hidalgo y el enfrentamiento terminaba en los tribunales, bien por demanda de los concejos contra pretendidos hijosdalgo que no pagaban los impuestos o de estos en contra de los concejos por intentar cobrarles pagos de pecheros y, en definitiva, por no reconocerles su nobleza. La Real Hacienda, por su parte, también perdía ingresos con la proliferación de hidalgos y por ello formaba parte con los concejos en los procesos judiciales.

De los hijosdalgo de Cabañas, cuya relación completa se inserta más adelante, en el comentario de sus provisiones de hidalguía, se han trabajado en detalle, a modo de ejemplo del proceso de la obtención de la hidalguía y su significado social, una carta ejecutoria y unas cuantas provisiones de ciertas líneas familiares que se han destacado en la documentación, en cuanto a su presencia en los oficios y decisiones del concejo, en instituciones hidalgas o en conflictos relevantes de la comunidad. Son las hidalguías del privilegio de Velico Auriolis, la de los Marqúes, una rama notoria en la documentación la de los Guerra y los Álvarez del Puerto. A ello se añade un extracto genealógico de una rama García en atención a la abundancia del apellido en Cabañas.

Por otra parte, cierto es que la documentación judicial es una fuente inestimable de información histórica, social y genealógica y que en la consultada, en su mayoría la de la Chancillería vallisoletana, la temática de la hidalguía queda bien perfilada en cuanto a la identificación y tipología de la pequeña nobleza de Cabañas del Portiel. Sin embargo, se echa en falta el aporte de una visión de los comportamientos sociales entre los estamentos, que estaría pendiente de una investigación documental más amplia. No obstante, si se puede deducir de los manuscritos estudiados que, al igual que en otros lugares, los hijosdalgo cabañeses eran labradores de modesta economía, cuando no pobres, pero de los que una parte parece desmarcarse al prosperar desde la posesión de foros y los subarriendos y, progresivamente, ocupando oficios concejiles. Un proceso, que como se ha apuntado, culmina a lo largo del siglo XVIII.

 

 

Casa rural típica en Cabañas Raras  

 

 

 

 

 

Velico Auriolis: la hidalguía de privilegio de los García Castañón de Cabañas, 1649

Se ha de comenzar apuntando que el citado privilegio lo concedió el rey Bermudo III (1028-1037), en 1033, a los habitantes del Páramo de La Focella[4] (Teverga, Principado de Asturias) en reconocimiento a los servicios prestados a este monarca por un tal Manulfo llamado Velico Auriolis[5], al que:

… le había hecho merced y le dio privilegio que él y todos sus descendientes varones y hembras estuvieran exentos y libres de todo servicio, pecho e impuesto real, alcabalas, exenciones varias y de ser procesados por la justicia ordinaria[6].

En estos términos reclamaron los García Castañón su hidalguía en Cabañas, al igual que otros muchos naturales del solar asturiano repartidos por múltiples lugares[7].

Los pleitos que estos descendientes de Auriolis siguieron en la Chancillería de Valladolid implicaron a dos generaciones y duraron bastantes años, desde la primera demanda no resuelta al concejo de Cabañas entre 1609 y 1649, hasta la ejecutoria de hidalguía dada 1649 cuyo pleito comenzó en 1643.

Así, el 13 de mayo de 1609 presentó demanda por este privilegio el procurador Juan de Prado, en nombre de Domingo García y María Castañón Auriolis, naturales de la Majúa[8] y vecinos de Cabañas, contra el fiscal real Diego del Corral y los concejos de Cabañas, Cueto, Arganza, Sancedo y Camponaraya.

El privilegio le correspondía por su ascendencia a María de Castañón Auriolis, pues, según aseguró, su padre Pedro Castañón, su abuelo Juan Castañón y su bisabuelo Diego Díez Castañón, eran descendientes de Velico Auriolis. Su marido era acreedor a esta hidalguía por matrimonio. Alegó esta parte que hasta el momento les habían sido respetados los dichos privilegios de hidalguía, tanto a los descendientes varones como a las mujeres y sus maridos, en los lugares donde habían vivido, lo que no había sucedido en las villas demandadas contra cuyos concejos se querellaban por la falta de reconocimiento.

La demanda se notificó al concejo de Cabañas el 21 de mayo del mismo año, en la persona de Juan Guerra, alcalde por el estado llano “estado de los labradores”, siendo testigos de la notificación Pedro Guerra y a Alonso García del lugar de Sancedo.

Parece que las diligencias se dilataron, pues no es hasta marzo de 1611 cuando el fiscal real, ya constituido como parte con el concejo de Cabañas, recusa la demanda y niega que los litigantes sean hijosdalgo. Los declara pecheros y con obligación de contribuir en los impuestos y tributos del común, y que aun en el caso de que le correspondiera a María Castañón el privilegio, en modo alguno se extendía a su marido que era pechero notorio. Siguiendo la dinámica judicial común en estos pleitos, el fiscal pidió a los demandantes que procedieran a probar sus afirmaciones, y así pidió que presentara la documentación del privilegio y se abrieran las diligencias del interrogatorio a los testigos.

En respuesta a la petición del fiscal, se presentan en el pleito tales cartas de privilegio a nombre de sus beneficiarios[9], desde el original dado por Bermudo III y las confirmaciones de los monarcas sucesivos hasta el rey Felipe III. También, se siguen las diligencias de los interrogatorios que transcurren durante los años de 1612 y 1613. En ellas los demandantes presentaron testigos de varias localidades del término de Babia de Abajo y Cabañas[10]. Declarantes que respondieron a las preguntas usuales en estos procesos de hidalguía, mediante las cuales se pretendía dar fe de tres cuestiones ineludibles para el reconocimiento de los pretendientes a hidalgos: la antigüedad necesaria de linaje noble por vía de varón, la legitimidad del nacimiento en tal linaje y la limpieza de sangre. Así, se expresa el contenido de las preguntas en la forma siguiente:

— Los datos personales, aquí de María Castañón, del lugar de su nacimiento, vecindad y estado civil.

— Su condición de hidalga notoria, públicamente reconocida como tal, por línea recta de varón y de legítimos matrimonios, desde tres generaciones atrás.

— Su limpieza de sangre y la de su ascendencia o que no desciende de moros, judíos o conversos.

— Saber del conocimiento general sobre la concesión del privilegio (en otros casos de la casa y solar o de las armas y divisas del linaje), que justificaba su exención tributaria.

— Constatar que ninguno de los antepasados declarados, ni la interesada, pagaron tributos obligados a la gente del común, “pechos de pecheros”, por haberles sido respetada su hidalguía en los lugares donde vivieron[11].

Los datos genealógicos de María Castañon Bernáldez de Auriolis que resultaron de este interrogatorio fueron los siguientes:

— Casada en legítimo matrimonio con Domingo García.

— Padres: Pedro Castañón y Florencia Bernández, naturales y vecinos de la Majúa.

— Abuelos, Juan Castañón y María de la Puente, vecinos de la Majúa, naturales del Páramo de la Focella.

— Bisabuelos, Diego Díez Castañón y Florencia Aldara de la Torre, naturales y vecinos del Páramo de la Focella.

El pleito quedó estancado en estas fechas por motivos poco explicados en el documento, aunque todo apunta a las muchas dilaciones causadas por la falta de respuesta al proceso del fiscal del rey y el concejo de Cabañas. Sea como fuere, la cuestión es que no es hasta abril de 1641, cuando Domingo García retomó el proceso y se emplazaba al concejo de Cabañas a dar respuesta a la demanda. No respondió el concejo al emplazamiento, así como tampoco lo hizo el fiscal del rey y habiendo pasado el plazo de derecho para estas diligencias fue declarado el concejo en rebeldía y se dictó sentencia definitiva, el 10 de febrero de 1643, a favor de los demandantes, con el subsiguiente emplazamiento a los concejos para su acatamiento.

Siguiendo el procedimiento, en el mismo mes y año, el escribano daba la notificación de la sentencia a los vecinos de Cabañas, que fueron convocados al son de las campanas por Juan Marqués, procurador general del concejo[12].

El siguiente paso que dio Domingo García, en este tiempo ya viudo de María Castañón Auriolis, fue la petición para que una vez reconocida la hidalguía de privilegio se le reconociera la exención del pago de alcabalas y portazgo como a los hijosdalgo de otras categorías. Pues, como argumentó su procurador, era “costumbre inmemorial” que los herederos del privilegio y sus cónyuges no pagaran dichos impuestos ni ningún otro de pecheros, tal y como habían declarado los testigos y había sido confirmado por las cartas reales. Concejo y fiscal insistieron en que no tenían los García Castañón condición de hijosdalgo, pues, aunque la sentencia declaraba a los demandantes como descendientes naturales del privilegio: “…ni les tocaba ni pertenecía, antes eran pecheros llanos y descendientes de tales y como tales habían pechado, pagado y contribuido en todos los pechos de pecheros reales y concejiles…”. Y que aun en el caso de que recocieran a María Castañón su derecho al privilegio de ninguna forma admitían que fuera extensivo a su marido que era pechero.

 

Segundo pleito de Velico Auriolis

Estando el pleito en este estado, el 17 de noviembre de 1643 entró y se opuso como tercera parte, sumándose a la misma reivindicación de los demandantes, Pedro Vallejo en nombre de Matías Bernardo, Domingo y Felipe García Castañón, Gabriel Marqués, por sí y como marido de María (García) Castañón[13] y Domingo García, por sí y como marido de María (García) Castañón de Auriolis, más tarde se sumaría Pedro Riesco, por sí y como marido de Brígida Castañón. Se iniciaba, pues, un nuevo pleito, aunque continuación del anterior, con la demanda de estos litigantes, para que se aplique la sentencia que fue favorable a la hidalguía de sus padres y se les reconozca a ellos también como sus descendientes y herederos[14].

El fiscal real, como parte solidaria con el concejo, además de reafirmarse en la oposición al privilegio, alegó contra estos nuevos litigantes que no eran hijos legítimos ni naturales de María Castañón y Domingo García y, en consecuencia, les negaba el derecho a cualquier exención tributaria derivada del privilegio, el que no reconocía que se hubiera disfrutado en ningún tiempo y que hubiera sido guardado a descendiente alguno. Pidió que se les denegara lo que pedían y fueran declarados pecheros llanos. Iguales fueron los términos en los que se dictó la sentencia de vista[15] en contra de los demandantes.

A continuación, los García Castañón apelaron a la más alta autoridad del Consejo de Castilla en 1644, el cual, en el año siguiente de 45, remitió el pleito de nuevo a la Chancillería, para que allí se concluyera en grado de revista. Advirtió el Consejo de otra sentencia de hidalguía de privilegio fallada en contra y cuyo fundamento había sido una cédula real de 1632, que dictaminaba que de todos los privilegios de hidalguía concedidos por monarcas anteriores se entendían exceptuadas las exenciones de las alcabalas y portazgo, sin perjuicio de otros privilegios.

En orden a lo anterior, en la Audiencia vallisoletana se abrió el proceso de revista y los demandantes presentaron sus probanzas, que eran las ordenadas por el Consejo en 1644, en iguales términos y resultados que las ya expuestas.

La sentencia definitiva confirmó el privilegio de hidalguía a los “García Castañón Auriolis” de Cabañas, sin las exenciones tributarias que señaló el Consejo. Fue el 18 de febrero de 1648 y la carta ejecutoria se expidió el 8 de mayo de 1649.

 

Los descendientes Auriolis, hidalgos de privilegio

Aun a falta de profundizar en la temática de las hidalguías de Cabañas y sus linajes, se puede señalar que apenas hay rastro en la documentación de la Chancillería de la línea familiar García Castañón y la continuación del privilegio Auriolis. Sin embargo, sí hay cierta información de los descendientes de un Marqués García Castañón que, al parecer, disfrutaron del privilegio Auriolis, si interpretamos correctamente el añadido Auriolis al primer apellido Marqués.

Dicha información es la que sigue:

— Apeo de 1646. “Francisco Marqués Cabillas y María García (Castañón), su nuera, viuda de Gabriel Marqués, en el lugar de Valle Salgado”. Aforados y vasallos del mayorazgo de Cristóbal Sánchez de Ulloa que presentaron escrituras de los foros[16].

— Apeo de 1688. Foro de Pedro Fernández y Santiago Marqués Auriolis, en el Rebollo. Fueron testigos foreros: Santiago Marqués y Andrés del Puerto. Limitaba el foro con el camino rodero que va de los Agueros a la fuente de Las Malladas y Cubillos. Declararon por su forero a Pedro Alonso Rubio. Las condiciones del foro no se alteraron en este apeo de 1688 respecto al de 1646[17]. También aparece este Auriolis en las probanzas de la real provisión de los Guerra, como uno de los peritos empadronadores para la moneda forera de 1698[18].

— Pleito 1697-1702. “María de Auriolis, hija de Leocadia Rubio[19], viuda de Francisco Marqués”[20]. En un pleito que trata sobre el enfrentamientos entre Hervededo y Cabañas por los límites de unos pastos que ambos reclamaban como parte de su jurisdicción, en el sitio de Valderarrosa, del señorío de Pedro Sánchez de Ulloa. Los de Hervededo intentaron robar el ganado de los de Cabañas y llegaron a agredirles con palos, de lo que resultó un herido entre los cabañeses, según la versión de estos. Entre los implicados en el enfrentamiento e imputados de Cabañas aparece la dicha Leocadia Rubio, madre de María de Auriolis, a la cual se apresó junto a Santos Marqués, Antonio Marqués, Alejo García y Santiago Rubio y que expresamente “…se manda mantener presa („.).y sólo salga para ir a misa y vuelva (so) pena de cien ducados…” por orden de 31 de mayo de 1697.

 

 

 

Mapa geográfico del Partido de Ponferrada, que suelen llamar regularmente provincia del Vierzo…Año de 1786.

Autor:Tomás López (1730-1802).Biblioteca Digital RAH.

 

 

 

 

Las reales provisiones de hidalguía en el siglo XVIII

La condición de los hijosdalgo de Cabañas en el siglo XVIII fue reconocida por real provisión y no por carta ejecutoria. A diferencia de la costosa y más compleja ejecutoria que contiene una sentencia firme, a ejecutar obligatoriamente por la parte perdedora del pleito, la real provisión de hidalguía era de diligencias rápidas y más barata, pero sin sentencia definitiva, pues se trata de resolución simple, “sentencia sumaria”, emitida por la Sala de Hijosdalgo de las Chancillería que da por buenas las probanzas del pretendiente y hace constar la aceptación de la resolución por el concejo o, dicho de otra forma, de llegar a un acuerdo entre las partes que evita el proceso ejecutorio. Así, hay quien mantiene que, con propiedad, se debe llamar real provisión de un mismo acuerdo[21]. Otras denominaciones sinónimas son la de real provisión de dar estado conocido y expediente provisional de hidalguía.

También, al contrario que la ejecutoria, la provisión es una acreditación limitada al lugar de vecindad del pretendiente, y cabe hacer al respecto otra la distinción de las provisiones, la de la real provisión de manutención y continuación de la hidalguía. Un recurso que se iniciaba cuando a un hidalgo reconocido, notorio, se le retiraban los privilegios en su lugar de origen o que por traslado a una localidad muy próxima tuviera necesidad de demostrar su hidalguía en el lugar de origen.

Sin embargo, a efectos prácticos inmediatos, el valor de las ejecutorias y las provisiones era el mismo en relación al objetivo de que los concejos inscribieran a los pleiteantes por su nobleza probada en el padrón de hijosdalgo y, por tanto, que ejecutaran las exenciones tributarias y respetaran los privilegios políticos y sociales correspondientes[22]. La consideración social de ambas formas era equiparable. El grueso de las provisiones, al igual que el de las ejecutorias, lo componen las probanzas de hidalguía que presentaban los pretendientes, en la forma ya expuesta y pormenorizada en la ejecutoria del privilegio de Velico Auriolis. En las provisiones de Cabañas, la mayoría de pretendientes acreditaron sus pruebas de nobleza por padrones desde el siglo XVII, excepto un par que lo hicieron desde las primeras décadas del siglo XVIII.

La primera generación de provisiones fueron las expedidas entre 1725 y 1727 a: Roque Álvarez del Puerto Fernández, Juan del Puerto Álvarez y Santiago del Puerto García, Santiago García (Pérez) Lorenzana, Juan García González, Santiago García Sánchez, Rodrigo García Álvarez, José García (García) Sánchez, Antonio Marqués García, Juan Alonso Marqués García, Justo Marqués García, Pascual Marqués Rubio, Alonso Marqués Barbiñas García, Pedro Marqués Barbiñas Rubio. Inician el pleito en 1727 sin que figure la real provisión: Antonio Marqués Rubio y Rafael Marqués García Rubio.

Siguieron hasta fin del siglo las de:

1737, Pedro Guerra Álvarez

1750, Diego González Santalla Fernández

1756, Francisco Cayetano García Rubio

1757, Lázaro del Puerto García

1757-58, Juan Antonio y Pedro Álvarez del Puerto García

1767, Santiago García Aller

1769, Cristóbal García

1769, Miguel García

1782, Tirso Marqués Rodríguez, Pascual Marqués Santalla

1791, Santiago López Rubio

1794, Francisco García Méndez Sánchez

1795, Manuel Guerra Lorenzana

1795, Domingo Guerra Fernández[23]

 

Los Guerra

La provisión de los Guerra, expedida el 12 de septiembre de 1795[24], o “la ordinaria de dar estado”, que dice el documento, iniciada con la demanda de hidalguía puesta por Manuel Guerra al concejo de Cabañas, el 28 de febrero de 1795, por sí y en nombre de sus hijos Rosendo, menor, y Domingo. Vecinos todos de Cabañas del Portiel. Como en las anteriores provisiones, denuncian estos pretendientes a hijosdalgo que el concejo los ha incluido en los patrones de pecheros para las contribuciones ordinarias propias de este estado, y ello a pesar de ser hijosdalgo notorios desde sus bisabuelos por línea de varón, habérseles guardado las deferencias, exenciones de quintas y pechos que corresponden a su nobleza y haber figurado en esta forma en los padrones de hijosdalgo. Pero, no obstante tal notoriedad de estado

… por algunos oficiales y vecinos de dicho pueblo se intenta repartirnos y obligarnos a pagar la contribución del servicio ordinario a pretexto de que por nuestra pobreza y que siempre fueron de cortos medios nuestro padre y abuelo no pudieron filiar y obtener la real provisión que para ello se requiere como lo han hecho los demás vecinos que gozan el estado, y todo en perjuicio de nuestra notoria hidalguía…

En orden a lo dicho, solicitan una real provisión de hidalguía, para que se les quite del padrón de pecheros y se les reconozca, plenamente, como hijosdalgo. Una provisión que se extiende en el detalle de los procedimientos de este tipo de reconocimiento de hidalguía e insiste en extremar las precauciones en las probanzas, ya que se han detectado en muchas peticiones de provisión no solo defectos de forma sino también “fraudes y monopolios con cuyos reprobados medios intentan muchos ingerirse al estado de hijosdalgo que no les corresponde…”. Considera la Sala de Hijosdalgo, especialmente, culpables de este desorden a los escribanos de los pueblos que dan fe de padrones y otras probanzas ficticias a requerimiento de los pretendientes.

En acatamiento a las disposiciones preceptivas, el procurador síndico general del pueblo, Cayetano García, para dar fe de vecindad, recibió por testigos a Eusebio Marqués, Cristóbal Marqués y José del Puerto. Vecinos que declararon que los Guerra pretendientes son vecinos todos de Cabañas, así como sus padres y abuelos, y que todos “… siempre fueron y son tenidos por hijosdalgo y por tales los vio alistarse en los padrones y listas de quintas…”.

A continuación, el concejo nombró a Manuel del Puerto comisario informante para asistir a la práctica de las diligencias de filiación y justificación que presentan los pretendientes. Probanzas que consisten, como ya se ha expuesto en los anteriores expedientes, en la certificación de los padrones donde figuran los Guerra, partidas parroquiales y declaraciones de testigos, cuyo resultado de filiación familiar es el que se recoge en el extracto de hidalguía de Vicente de Cadenas y Vicent que se recoge al final de este apartado

Entonces, tenemos la siguiente relación:

Padrones de la moneda forera

1698, figura Ángel Guerra, abuelo y bisabuelo de los demandantes, como hijodalgo notorio[25]

1722, Julián Guerra, padre de Manuel, abuelo de Domingo, hijodalgo notorio.

1737, 1745, 1753, Julián Guerra tiene dos hijos llamados Alejandro y Manuel, hijosdalgo notorios

1763, Manuel Guerra, hijo de Julián, tiene un hijo, Manuel Guerra, hijodalgo notorio

1775, “padrón de padre e hijos. Manuel Guerra, hijodalgo notorio, como lo fue Julián Guerra, su padre, tiene tres hijos llamados Domingo, Rosendo y Rodrigo Guerra de dicha calidad”

1783. Ídem

1790, “padrón de los pretendientes. Manuel Guerra, hijo que quedó de Julián, hijodalgo notorio, tiene por sus hijos legítimos a Domingo y Rosendo, hijosdalgo, como dichos su padre y abuelo.”

Alistamientos de quintas de Milicias

1767, “Manuel Guerra de edad de treinta y cuatro años y sus hijos Domingo de edad de nueve, y Rosendo de edad de seis años, están en el goce de hijosdalgo notorios.”

Padrón a calle hita

1792, Manuel Guerra de setenta y dos del estado noble, un hijo llamado Rosendo de veinte y ocho años.

Domingo Guerra de treinta y cuatro, estado noble, una hija.

Compulsa de las partidas parroquiales.

Desde la de Julián, padre de Manuel y abuelo de Domingo en 1688, como figuran en detalle en el extracto final indicado.

Interrogatorio de Testigos

Al interrogatorio se presentaron por testigos a Baltasar Marqués, José Marqués de 80 años y Domingo Marqués de 68 años.

Las preguntas del interrogatorio fueron las usuales sobre si conocían a los pretendientes, su hidalguía y legitimidad de su nacimiento. Además se preguntó, al respecto de ciertas lagunas en la información de las filiaciones, si sabían los testigos que “en esta provincia antes había la costumbre de nominarse las mujeres con el apellido de sus madres y por ello se encuentra así equivocadamente anotado en los registros parroquiales” y sabían que los libros parroquiales más antiguos se habían quemado en la casa del párroco, en Cueto, donde este residía, motivo por el cual no presentaron los Guerra sus filiaciones más antiguas.

Por fin, en el 20 de junio de 1795 el concejo y vecinos reunidos a toque de campana se manifiestan dispuestos a acatar la real provisión y reconocer a los Guerra por hijosdalgo, pero no a hacerla efectiva hasta que no llegase la provisión formalizada, como se hizo el dicho el 12 de septiembre de este año. De los reunidos firmaron los que sabían hacerlo[26].

Extractos genealógicos

Filiaciones genealógicas de los Guerra según el documento de provisión que corrige algunos errores u omisiones de los extractos de Vicente de Cadenas y Vicent[27], los que no obstante son de obligada consulta. Siguen con igual consideración y en su apartado correspondiente los otros extractos de las hidalguías seleccionadas.

Manuel Guerra García de Lorenzana, vecino de Cabañas del Portiel de Don Fernando. Por sí y sus hijos

Bautismo[28]: 24 de enero de 1728- Nacimiento: 12 de enero de 1728.

Casado con: Dominga Fernández Cachón, hija de Pedro Fernández y de Lucía Cachón, en Chano, valle de Fornela, el 25 de mayo de 1756.

Hijos: Manuel; Domingo, bautizado en Cabañas el 20 de mayo de 1760;

Rosendo, bautizado en Cabañas el 6 de marzo de 1763, y Rodrigo.

Pruebas de nobleza: padrones de Cabañas; 1737, 45, 53, 63, 75, 83 y 90

Inicia juicio: 28 de febrero de 1795; real provisión de un mismo acuerdo el 12 de septiembre de 1795.

Padre: Julián Guerra Sánchez

Bautismo: Cabañas, 19 de enero de 1688

Casado con: Josefa García de Lorenzana, en Cabañas el 16 de junio de 1721

Hijos: Alejandro y Manuel

Pruebas de nobleza: padrones de Cabañas: 1722, 37, 45 y 53.

Abuelo: Ángel Guerra

Casado con: Micaela Sánchez

Hijos: Julián, Bárbara y María

Pruebas de nobleza: padrones de Cabañas de 1698.

Legajo 1.193, número 47.

Domingo Guerra; vecino de Cabañas

B. Cabañas, 20 de mayo de 1760- N. 19 de mayo de 1760

C. Juana García Carro, hija de Antonio García Carro y de Juana García, en Cabañas, el 15 de abril de 1788.

H. Juan, B. 31 de marzo de 1795.

P.N. Padrones de Cabañas; hidalgo en 1775, 83 y 90

I.J. 28 de febrero de 1795; R.P. de un mismo acuerdo el 12 de septiembre de 1795.

Padre: Manuel Guerra.

B. Cabañas, 24 de enero de 1728.

C. Dominga Fernández, hija de Pedro Fernández y de Lucia Cachón, en Chano[29], el 25 de mayo de 1756.

H. Manuel, Domingo, Rosendo y Rodrigo.

P.N. Padrones de Cabañas: Hidalgo en 1737, 53, 63, 75,83 y 90.

Abuelo: Julián Guerra; hijo de Ángel Guerra y de Micaela Sánchez.

B. Cabañas, 19 de enero de 1688.

C. Josefa Lorenzana, en Cabañas, el 16 de marzo de 1721.

H. Alejandro y Manuel.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1722, 37, 45, y 53.

Legajo 1.193, número 47.

 

Los Álvarez del Puerto

Son varias las ramas emparentadas de los Álvarez del Puerto que obtuvieron su hidalguía en el siglo XVIII y entre ellas destacamos la real provisión solicitada por Roque Álvarez del Puerto[30], por la información que le señala como un personaje significado en su tiempo en Cabañas. Así, en calidad de hijodalgo ocupó cargos concejiles, fue alcalde de la Hermandad de Hijosdalgo y mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Cabañas durante los años de. 1726, 27 y 28[31].

Además de Roque, en la provisión se acreditó, el 13 de julio de 1723, en su hidalguía a Juan y Santiago del Puerto, cuyos parentescos aparecen con claridad en los extractos genealógicos que figuran el final de este apartado.

Al igual que los anteriores demandantes justificaron su demanda por la negación del concejo a reconocerles en el estado de hijosdalgo e incluirles en el padrón de pecheros:

Y siendo esto así, ahora por el concejo y estado general de dicho lugar, por odio y enemiga que tienen a mis partes, algunos vecinos les quieren poner duda en su hidalguía y nobleza y intentan repartirles pechos y tributos del estado general en grave daño y perjuicio de mis partes…

Siguen las probanzas de hidalguía por padrones, desde 1609, en los que figuran sucesivas generaciones de Álvarez del Puerto, los registros parroquiales familiares, desde 1600 y las actas de elecciones a oficios concejiles en las que figuran con sus cargos diversos miembros de este apellido. Además, y como un mérito añadido, se certifica que el 6 de enero 1724, en virtud del acuerdo del concejo, se nombraron por alcaldes de la Hermandad de hijosdalgo de Cabañas a don Miguel Álvarez del Puerto, natural del lugar y residente en la villa de Vegas del Condado, y que por motivo de esta residencia se nombró a su teniente con la función de sustituirle en Cabañas. Fue este teniente Roque Álvarez del Puerto, su hermano, natural y vecino de Cabañas.

Aceptadas por los alcaldes de hijosdalgo todas estas probanzas y expedida la provisión, el concejo acató la resolución judicial el 30 de mayo de 1726: “Visto todo por los dichos vecinos y concejo, dijeron daban y dieron a los dichos Roque Álvarez del Puerto y consortes contenidos en dicha real provisión el estado de hijosdalgo…”[32].

Por último, se ratifica la provisión y se impone multa al concejo:

Despáchese a estas partes provisión para que la justicia y concejo de las Cabañas del Portiel les mantengan en la posesión en que han estado de hijosdalgo de sí y su padre y abuelo, por ahora, sin perjuicio del real patrimonio y por la culpa que resulta en su narrativa, se les multa en cuatro ducados a cada uno, mancomunados, para su paga aplicados a disposición de la Sala en relación. Valladolid y julio trece de 1726.

Localización de los Álvarez del Puerto en la documentación de la Chancillería

— 1561, en los padrones de alcabalas de 1561, primer documento en el que aparecen los nombres de vecinos de Cabañas, cuyos detalles se han expuesto en el capítulo de los censos, figuran: Nicolás, Bartolomé y Juan del Puerto[33].

— En el apeo y demarcación de 1688, Roque Álvarez[34], como subarrendatario en el foro de Domingo Marqués Santana[35].

— En el apeo de 1726, Roque es apeador junto a Rodrigo García Carro.

— En el mismo apeo se certifico la renovación del foro nuevo de Pedro Sánchez de Ulloa a Álvaro y Roque Álvarez del Puerto…

— Sigue en este apeo “…el camino de Fresnedo que va desde dicho término hasta llegar a meterse por debajo de las casas de Santiago Álvarez del Puerto en el camino que va a Cubillos…”

— En igual apeo, “…declaran continuar dicha división por la cerca de las viñas que posee Pedro Marqués Barbiñas y herederos de Andrés Álvarez del Puerto, hasta el sitio que llamaron Las Figaliñas…”

— En un poder de 18 de marzo de 1732, aparece como testigo Lucas Álvarez del Puerto.

— Isidro Álvarez del Puerto, entre los representantes del concejo y vecinos de Cabañas en el pleito de estos, en 1737, con Jacinto Sánchez de Ulloa, Pedro de Valcárce Ponce de León, Álvaro de Quindós y demás dueños del coto Cabañas

— 1737, Águeda García, viuda de Pedro Álvarez del Puerto, en la exposición del acto de reintegro y posesión a Jacinto Sánchez de Ulloa y otros dueños de las propiedades de los vecinos de Cabañas, en consecuencia de la real ejecutoria del pleito de este mismo año que ganaron los dueños al concejo y vecinos[36].

— En un acta se da cuenta de la comisión llevada por el licenciado Francisco Miguel Díaz de Mendoza, en 1743 o 47? por la que se nombraron como jueces ordinarios de la administración realenga (sujetos a la gobernación, jurisdicción y corregimiento de Ponferrada y no a los señoríos) de los lugares donde residen a Pedro Álvarez del Puerto, vecino de Cabañas, entre otros.

— En un poder de 12 de octubre de 1769, figuran entre los reunidos en concejo Pedro y Agustín Álvarez del Puerto.

— Roque Álvarez del Puerto e Isidro Álvarez del Puerto en el concejo de abril de 1737, “…en Las Corradas, donde se reúne el concejo usualmente…”, a efectos de responder a la citación de Jacinto Sánchez de Ulloa. Presentes, también, en otras tantas reuniones del mismo año[37].

— En la Ejecución de la desposesión a los foreros de Cabañas por Álvaro de Quindós y Lamas, señor de Cueto y dueño de la cuarta parte de la jurisdicción y solar de las Cabañas, figura Agustín Álvarez del Puerto, con foros en el barrio del Valle del Agua e Iñigo Álvarez del Puerto en igual diligencia en el barrio del Caserón.

— En la misma desposesión, en el Valle del Agua, campa y chana de Cueto y en el camino que va de Sancedo a Ponferrada…”“… al sitio que llaman el valle del Agua, arriba de la casa de Roque Álvarez del Puerto y de el citado Camino Real hasta llegar al mojón de piedra que está en el Camino Real, que llaman las Figaliñas…”

— 1775, ejecuciones de embargo ante la justicia de Arganza, de Melchora Jalón, en representación de su hijo, contra, entre otros vecinos de Cabañas, Pedro Álvarez del Puerto, por lo que debían al hijo de Melchora de su mayorazgo[38].

Extractos Genealógicos

Roque Álvarez del Puerto, vecino de Cabañas del Portiel.

B. Cabañas, 1 de agosto de 1678

P.N. Hijodalgo en padrones de Cabañas de 1723.

I. J. 11 de mayo de 1726; R.P de 13 de julio de 1723.

Padre: Andrés Álvarez del Puerto.

B. Cabañas, 29 de junio de 1657.

C. Pascuala Fernández, hija de Pedro Fernández y de Ana Fernández, en Cabañas, el 8 de julio de 1677.

P.N. Hijodalgo en padrones de Cabañas de 1674, 1716, 10 y 23.

Abuelo: Andrés Álvarez del Puerto, hijo de Álvarez del Puerto y Teresa García.

B. Cabañas, 11 de julio de 1605.

C. Isabel Álvarez, en Cabañas, el 9 de mayo de 1641.

P.N. Hijodalgo en padrones de Cabañas de 1609, 22 y 29.

Legajo 917. Número 55[39].

Juan del Puerto, vecino de Cabañas del Portiel de Don Fernando

B. Cabañas, 2 de julio de 1692

I.J. 11 de mayo de 1726; R.P. el 13 de julio de 1726.

Padre: Andrés del Puerto.

B. Cabañas, 12 de septiembre de 1668.

C. Inés Álvarez, hija de Juan Álvarez y de Catalina Rodríguez, en Cabañas, el 21 de octubre de 1691.

P.N. Padrones de Cacabelos: hijodalgo en 1674 y 1710.

Abuelo: Gregorio del Puerto, hijo de Santiago del Puerto y de Catalina Rubio, nieto de Andrés del Puerto y Teresa García, vecinos de Cabañas.

B.Cabañas, 10 de febrero de 1641.

C. Inés Marqués, hija de Domingo Marqués y de Isabel Marqués, en Cabañas, el 20 de agosto de 1660.

P.N. Padrones de Cacabelos: 1674.

Legajo 917, nº 55

Santiago del Puerto, vecino de Cabañas del Portiel de Don Fernando

B. Cabañas, 13 de diciembre de 1685

I.J. 11 de mayo de 1726.

Padre: José del Puerto.

B. Cabañas, 10 mayo de 1668.

C. Agustina García, en Cabañas, el 20 de octubre de 1683.

P.N. Padrones de Cacabelos 1674.

Abuelo: Fabián del Puerto, hijo de Domingo del Puerto y María Marqués; nieto de Andrés Álvarez del Puerto y de Teresa García, vecinos de Cabañas.

B. Cabañas, 9 de mayo de 1640.

C. Catalina Marqués, hija de Domingo Marqués y de Isabel Marqués, en Cabañas, el 8 de agosto de 1665.

P.N. Padrones de Cacabelos: hijodalgo en 1674.

Legajo 917 nº 55.

 

Los Marqués

El apellido Marqués abunda en nuestra documentación y se hace difícil localizar a las ramas hidalgas que constan en las provisiones, porque lo más frecuente es que se omita el segundo apellido. Por ello, y para una mayor información a cualquiera interesado en este linaje, sería necesaria una investigación centrada en el apellido, que aquí no se plantea en profundidad, para situar a los sujetos en el contexto social de los pleitos. Aparte de esto, se ha seleccionado la provisión de Pascual Marqués y su sobrino Bartolomé Marqués[40] por ser de la primera generación de hijosdalgo en el siglo XVIII, la de 1725-27 y seguir un trámite que referencia el concepto de la provisión de manutención y continuación de la hidalguía que valga precisar tan solo, sin entrar en detalles que exceden la intención de este libro y como se ha comentado, que es afín en su objetivo al de la provisión de dar estado conocido y la carta ejecutoria

Como en los anteriores casos estos Marqués fueron perturbados en su hidalguía,

… por algunas personas de dicho lugar de las Cabañas, por el odio y mala voluntad que los han tenido y tienen, les habían querido interrumpir por la posesión en que estaban…

y pidieron que se les expidiese real provisión de manutención y continuación de la hidalguía. Sin embargo, los alcaldes de hijosdalgo a pesar de haber anunciado que mandaban despachar la provisión, en realidad dieron auto para una ordinaria de tildar o sacar prendas, 8 junio de 1726, por la que afirmando no haber lugar para la provisión, encargaban al concejo y vecinos que cobrasen a los pretendientes los pechos correspondientes al estado llano declarado, si no lo habían hecho antes, o por el contrario, si los reconocían como hidalgos, antes de borrarlos de los padrones de pecheros, tenían que declaran ante la Sala de Hijosdalgo los motivos que les llevaron a dicha calificación.

Sin provisión y prolongándose las diligencias, derivó el asunto para los Marqués

… en grave daño y perjuicio de su notoria nobleza e hidalguía (…) siguiéndose de lo referido crecidos gastos, los que no pueden soportar respecto ser unos pobres de solemnidad…

En consecuencia, apelan el 1 de abril de 1727 y piden que se revoque el auto y se les expida la citada real provisión.

Siguiendo los procedimientos ya descritos, se presentan partidas parroquiales desde 1668, padrones desde 1622, en los que figuran los ascendentes hasta los pretendientes que comentamos del siglo XIX.

La provisión final no consta ratificada en el documento.

Localización de los Marqués en la documentación

El apellido Marqués es el que más aparece en la documentación, en padrones, foros, reuniones del concejo y conflictos varios. Se puede deducir por esta abundancia que eran muchos los vecinos que lo llevaban. Razón por la cual no es posible ser exhaustivos en la relación que sigue y se recogen los relevantes en orden a la importancia de los documentos o de los procesos más decisivos para Cabañas.

— 1561, en los padrones de alcabalas de este año (primer documento en el que aparecen los nombres de vecinos de Cabañas, cuyos detalles se han expuesto en el capítulo de los censos) figuran: Alonso, Alonso, Sebastián, Domingo, Pedro, Pedro y Juan Marqués[41].

—1595. Domingo Marqués el mozo aparece, entre otros vecinos, preso como consecuencia de la condena por haber arrendado los montes de Cabañas sin el permiso de Juan Sánchez de Ulloa, que se pretendía su dueño solariego. Entre los embargados había otros Marqués, además de Domingo: Juan Marqués Blanco, Juan Marqués, hijo de Teresa Domínguez y Francisco Marqués[42].

— 1649, en el pleito de los García Castañón: Domingo Marqués de Santana/ Santa Ana; Alonso, Andrés, Cristóbal, Domingo y Domingo el mozo, Francisco el viejo, Gabriel, Gaspar y Domingo, hermanos, Gaspar y Francisco, Juan, Juan, Lázaro, Luis, Marcos, Pedro, Andrés y Tomás Marqués[43].

— 1702, en la ejecutoria de Pedro Sánchez de Ulloa del pleito con otros dueños y señores de la zona, en cuyo transcurso se enfrentaron los vecinos de Hervededo y Cabañas, fueron imputados: Antonio, Bernardo, Miguel y Santos Marqués[44].

— 1717, como titulares de los foros que aluden a los primeros foreros y, en otros años, a los descendientes, están: Domingo Marqués, Francisco Marqués Cavillas, Marcos Marqués, Domingo Marqués Santana, Andrés y Alonso Marqués, Juan Marqués, Pedro y Gaspar Marqués, Pedro Marqués, Pedro Marqués el mozo[45].

— 1550-1737, en el pleito de 1737 con el concejo de Cabañas de Jacinto Sánchez de Ulloa y otros dueños del lugar. Son bastantes los foreros Marqués citados en el señalado intervalo de siglos y se hace imposible por cuestión de espacio citarlos a todos en su tiempo y circunstancias. Remitimos por ello a la consulta del documento[46].

— 1775, unos de los muchos pleitos que Melchora Jalón y Brizuela, en representación de José María Sánchez de Ulloa, tuvo con el concejo de Cabañas y el fiscal del rey. Al igual que en el documento anterior, se hace imposible detallar a los muchos Marqués que figuran en el transcurso del proceso, pero sí se pueden señalar a los que constan destacados por su dimensión pública, como Mateo Marqués, alcalde de la Santa Hermandad, Matías y Roque Marques, regidores, o los que se distinguen por estar citado su segundo apellido: Manuel Marqués Gavilanes y Manuel Marqués de la Dehesa[47].

Extractos genealógicos

Pascual (García)[48] Marqués Cosmen, vecino de Cabañas del Portiel de don Fernando.

B. 9 de abril de 1668.

P.N. Padrones de Cabañas: Hidalgo en 1710, 16 y 23.

I.J. 5 de mayo de 1727.

Padre: Francisco García Marqués.

B. Cabañas del Portiel, 4 de mayo de 1638.

C. Leocadia Cosmen Rubio (“Cosmet y Cosmena” en otras partidas), hija de Bartolomé Cosmen (“Cosmena”) y de Cecilia Rubio, en Cabañas del Portiel, el 10 de agosto de 1664.

P.N. Padrones de Cabañas: Hidalgo en 1674.

Abuelo: Domingo Marqués.

C. María Castañón.

H. Francisco, Tomás y María.

P.N. Padrones de Cabañas: Hidalgo en 1622 y 29.

Legajo 1.308. Número 29[49].

Bartolomé Marqués García, vecino de Cabañas, en su nombre su tío Pascual Marqués.

B. Cabañas del Portiel de Don Fernando, 6 abril de 1713.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1723.

I.J. 5 de mayo de 1727.

Padre: Tomás Marqués.

B. Cabañas, 17 de marzo de 1679.

C. Águeda García.

H. Tomás, María Micaela y Bartolomé.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1710.

Abuelo: Francisco Marqués, hijo de Domingo Marqués y de María Castañón (“Castañona”).

B. Cabañas, 4 de mayo de 1638.

C. Leocadia Rubio (“Rubio”), hija de Bartolomé Corcuera y de Cecilia Rubio (“Rubia”), en Cabañas, el 10 de agosto de 1664.

H. Tomás y María

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1674

Legajo 1.308, número 29.

Rafael Marqués García, bautizado el 8 de octubre de 1691, y Cristóbal, bautizado el 28 de junio de 1700, natural y vecino de Cabañas del Portiel de Don Fernando.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1710, 16 y 23.

I.J. 5 de mayo de 1727

Padre: Simón Marqués García.

C. María Rubio, hija de Francisco Marqués y de Leocadia Rubio, en Cabañas, el 10 de mayo de 1690.

H. Rafael, Cristóbal y Catalina.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1686.

Abuelo: Miguel Marqués García.

P.N. Padrones de Cabañas: hidalgo en 1674.

Legajo 1.308, nº 29.

 

García Lorenzana

Aunque nuestro estudio no haya profundizado, como en los casos anteriores, en la hidalguía y presencia de los García Lorenzana, estos apellidos no se pueden dejar sin mencionar. “La hordenanza de dar estado conozido”, 1726, de este linaje cabañese instituido en el siglo XVIII, abunda en lo dicho.

“Miguel Fernandez de Arauxo en nombre de Santiago Garzía Lorenzana, vecino del lugar de las Cavañas del Portiel de Don Fernando (…)Digo que mi parte son hixosdalgo notorios, de sangre de sí, y los dichos sus padres, abuelos, visabuelos y demás sus aszendientes por línea recta de varón, en cuia posesión quieta y pazífica an estado y están cada uno en su tiempo en dicho lugar de las Cavañas y demás donde an bibido y morado y tenido sus vienes y hazienda, gozando todos los honores, franquezas y libertades que se guardan y deven guardar a los demás hijosdalgo notorios de sangre de estos vuestros reynos, sin cosa en contrario. Y siendo esto así, aora, por el consejo y estado general de dicho lugar, por odio y enemiga que tienen a mis partes, algunos vezinos les quieren poner duda en su ydalguía y nobleza…”[50]

Extractos genealógicos

Santiago García Lorenzana, vecino de Cabañas del Portiel de Don Fernando.

B. Cabañas, 3 de agosto de 1662.

P.N. Padrones de Cabañas de 1710, 16 y 23.

I.J. 11 de marzo de 1726; R.P. de 17 de agosto de 1726

Padre: Pablo García

B: Cabañas, el 14 de diciembre de 1602

C. Ana Pérez de Lorenzana, hija de Alonso de Lorenzana y de Beatriz Rodríguez, en Cabañas, el 16 de mayo de 1659.

P.N. Padrones de Cabañas de 1674

Abuelo: Pablo García; hijo de Andrés García y de Inés Baello.

B. Cabañas, el 1 de marzo de 1579.

C. Catalina Cano, hija de Francisco Cano y de Catalina García, en Cabañas, el 10 de enero de 1597.

P.N. Padrones de Cabañas de 1609, 22 y 29.

Legajo 919, nº 73[51].

Onomástico general

Castañón Auriolis/les, María/ vª de Cabañas

Fernández, Domingo/ vº de Cabañas

Francisco Marqués, vº de Cabañas

García Castañón, Brígida/ vª de Cueto

García Castañón, Felipe/ vº de Cabañas

García Castañón, Matías Bernardo/ vº de Cabañas

García Martínez, Francisco/ vº de Cabañas

García, Alejo/ vº de Cabañas

García, Alonso/ vº de Sancedo

García, Andrés/ vº de Cabañas

García, Bartolomé/ vº de Cabañas

García, Domingo, el viejo/ vº de Cabañas

García, Domingo/ vº de Cabañas

García, Mateo/ vº de Cabañas

García, Miguel/ vº de Cabañas

Guerra, Juan y Pedro/ vos de Cabañas

Guerra, Juan/ vº de Cabañas

Guerra, Pedro/ vº de Cabañas

Juan Marqués Blanco, vº de Cabañas

López, Domingo/ vº de Cabañas

López, el mozo, Domingo/ vº de Cabañas

Marqués de Santana/Santa Ana, Domingo/ vº de Cabañas

Marqués, Alonso/ vº de Cabañas

Marqués, Andrés/ procurador y vº de Cabañas

Marqués, Cristóbal y Fernando/ vos de Cabañas

Marqués, Domingo/ vº de Cabañas

Marqués, el mozo, Domingo/ vº de Cabañas

Marqués, el viejo, Francisco/ vº de Cabañas

Marqués, Gabriel/ vº de Cabañas

Marqués, Gaspar y Domingo/ hermanos, vos de Cabañas

Marqués, Gaspar y Francisco/ vos de Cabañas

Marqués, Juan/ procurador general de Cabañas

Marqués, Juan/ vº de Cabañas

Marques, Lázaro/ vº de Cabañas

Marqués, Luis/ vº de Cabañas

Marqués, Marcos?/ vº de Cabañas

Marqués, Pedro y Andrés/ vos de Cabañas

Marqués, Tomás/ vº de Cabañas

Martínez, Francisco/ vº de Cabañas

Panizo, Domingo/ vº de Cabañas

Pineiro, Domingo/ vº de Cabañas

Puerto, Antonio del/ vº de Cabañas

Puerto, Diego del/ vº de Cabañas

Puerto, Lázaro del/ vº de Cabañas

Puerto, Pedro del/ vº de Cabañas

Riesco, Pedro/ vº de Cueto

Rubio, Alonso/ regidor y vº de Cabañas

Rubio, Gregorio/ vº de Cabañas

Rubio, Santiago y Gregorio/ vos de Cabañas

Rubio, Tomás/ vº de Cabañas

Teresa Domínguez, vª de Cabañas

Vacas, Andrés de las/ vº de Cabañas

Vacas, Andrés y Pedro de las/ vos de Cabañas

Vacas, Pedro de las/ vº de Cabañas

Velico Auriolis

  1. Los censos aludidos son: la averiguación de 1530, el censo de alcabalas de Felipe II, 1561, el censo de millones de Felipe II, 1591. Véase al respecto el CAPÍTULO 1. Evolución de la población de Cabañas según los censos históricos.
  2. Un resumen breve de esta tipología en Wikipedia, entrada hidalgo. Para una información de mayor entidad sobre la hidalguía es obligado citar a los maestros A. DOMÍNGUEZ ORTIZ y B. BENNASSAR PERILIJER. Del primero se puede recomendar Las clases privilegiadas en la España del antiguo régimen, ISTMO, Madrid, 1973, 3ª ed. 1985, y del segundo, aparte su producción en francés, un artículo clarificador: “Los hidalgos en la España de los siglos XVI y XVII: una categoría social clave”, Vivir el Siglo de Oro. Poder, cultura e historia en la época moderna. Estudios en homenaje al profesor Ángel Rodríguez Sánchez, Universidad de Salamanca, Salamanca, 2003, págs. 49-59. Por último, y al margen de su discurso político, véase V. DE CADENAS Y VICENT, Heráldica, genealogía y nobleza en los editoriales de”Hidalguía,” 1953-1993: 40 años de un pensamiento, Ed. Hidalguía, Madrid, 1993.
  3. “Hijosdalgo y hombres buenos en la España Cervantina”, Boletin de la Real Academia de la Historia. Tomo CCIII, nº 1, 2006.
  4. Localidades actuales: Teverga-Páramo-La Focella/ antigua: Paramo de la Focella/ entidad principal: Teverga/ provincia actual: Asturias/ anetigua: León-Asturias
  5. Las noticias históricas sobre el personaje no son muchas, según informa el privilegio original, conservado en el Archivo General de Simancas, era caballerizo (supercavallericus) y vasallo del conde Pelayo Froilaz. Se puede ver la transcripción, en latín, en Google libros: Colección de cédulas, cartaspatentes, provisiones, reales ordenes y otros documentos concernientes à las provincias Vascongadas…, Imprenta Real, 1830, págs. 12,13. Y un estudio histórico en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, nos 133-136. Sobre la ortografía del nombre hay varias formas en la documentación consultada, así: V/Belico, V/Bellico Auriolis/les.
  6. ARChVa, RE, C. 2763-75, y de aquí en adelante en lo que se expone del pleito.
  7. En el Archivo de la Real Chancillería hay algo más de 20 pleitos de estos descendientes de Velico Auriolis, repartidos por diversas localidades de Castilla, León, Asturias, Euskadi, etcétera.
  8. Localidad antigua: Majúa/ actual: La Majúa /Entidad principal: Babia de Abajo/ Provincia antigua: León/ actual: León; en Identificador del Catastro del Marqués de la Ensenada, Respuestas generales, [en línea] PARES.
  9. Entre otros, por ejemplo, figuran: Cosme el viejo y Juan Pérez, confirmados en el privilegio por el rey don Enrique, en 1420; Alonso Rodríguez, del Páramo de la Focella que fue confirmado por los Reyes Católicos; siguen, en orden cronológico, otros descendientes de esta familia y en 1599 se ratificaba a Diego García del Páramo y su hijo Juan de Velasco, vecinos del mismo lugar.
  10. El 2 de febrero de 1613, juró como testigo Fabián Tocho el viejo, vecino de la Majúa, y en los días siguientes juraron: Pedro Álvarez de Freijó, vecino de la Majúa, Francisco Álvarez, vecino de San Emiliano /“Santo Millano”; Bartolomé García, vecino de San Emiliano; Pedro Taleón, vecino de La Majúa, Juan Álvarez de la Presa, vecino de Cospedal; Toribio el viejo, vecino de Villargusán /”Villardeusán”; Mateo García, vecino de Robledo.
  11. Para una visión general de estas diligencias y su concreción en la real carta ejecutoria véase E. RUIZ GARCÍA, “La carta ejecutoria de hidalguía: un espacio gráfico privilegiado”, en La España Medieval, Norteamérica , ene. 2007. [en línea] <http://revistas.ucm.es/index.php/ELEM/article/view/ELEM0606220251A> [05-2012].
  12. Estaban presentes en aquella reunión vecinal, además de dicho procurador: Andrés García, Lázaro del Puerto, Juan Guerra, Francisco Martínez, Domingo Marqués de Santana/Santa Ana, Andrés Marqués, Domingo López, Alonso Marqués, Alejo García, Francisco Marqués, el viejo, Domingo Marqués, el mozo, Pedro de las Vacas, Andrés de las Vacas, Diego del Puerto, Domingo Pineiro, Domingo Fernández, Gregorio Rubio, Domingo Panizo, Pedro del Puerto, Bartolomé García, Mateo García, Gabriel Marqués.
  13. Parece que el apellido García está omitido en estas mujeres que, según indica el contenido, son hermanas de los citados varones García Castañón. Es más, en otro documento de 1646, referenciado más adelante, la viuda de Gabriel Marqués aparece como María García. Aparte del baile de apellidos usual en el período por la ausencia de una normativa obligatoria como la actual, fue costumbre en esta y otras zonas de los reinos peninsulares que las mujeres tomaran el apellido de la madre.
  14. En esta ocasión, recibieron la notificación de la demanda en el concejo abierto de Cabañas: Juan Marqués y Pedro del Puerto, procuradores generales, Lázaro Marques, Lázaro del Puerto, Domingo García, el viejo, Andrés García, Antonio del Puerto, Francisco García Martínez, Juan y Pedro Guerra, Domingo Marqués, Pedro y Andrés Marqués, Tomás Marqués, Domingo López, el viejo, Domingo López, el mozo, Alonso Marqués, Cristóbal y Fernando Marqués, Gaspar y Francisco Marqués, Tomás Rubio, Miguel García, Andrés y Pedro de las Vacas, Gaspar y Domingo Marqués, hermanos, Pedro de las Vacas, Domingo Pineiro/, Domingo Fernández, Santiago y Gregorio Rubio Domingo Panizo, Luis Marqués, Bartolomé García, Alonso Rubio, el regidor, Juan Libran, Marcos? Marqués.
  15. La sucesión de las sentencias era, primero, la que dictaba la Sala de Hijosdalgo, apelada esta se emitía la de vista, y ya por suplicación una nueva apelación terminaba con la sentencia de revista.
  16. ARChVa, RE, C. 3142,44.
  17. Ibídem.
  18. ARChVa, SH, C. 1193,47, folio 16 r., provisión que se refiere más adelante.
  19. ARChVa, RE, C. 3100,3.
  20. El nombre del difunto aparece en el apeo de 1688 que antecede, ARChVa, RE, C 3142,44.
  21. Conde de BORRAJEIROS, “La llamada provisión de Hidalguía”, Revista Hidalguía número 286-287. Año 2001, págs. 359-368 [en línea] Google Books
  22. Ibídem.
  23. Otras hidalguías expedidas en lugares de la jurisdicción de Cabañas, como Cortiguera y poblaciones cercanas, como Cueto, de sujetos nacidos o con ascendentes en Cabañas no se han considerado en esta relación, salvo, y a modo de ejemplo, la provisión de Pedro Guerra Alvárez, trasladado a Cueto. Sin embargo, las genealogías de todos, citados aquí o no, figuran, como ya se ha indicado, en los extractos de V. DE CADENAS Y VICENT, a los que remitimos para su consulta.
  24. ARChVa, SH, C. 1193,47
  25. Uno de los peritos empadronadores fue Santiago Marqués Aurioles, folio 16r.
  26. Estuvieron presentes en la reunión concejil los siguientes vecinos: Santiago López, juez ordinario, Juan Marqués, regidor, Cayetano García, procurador síndico, José Gómez, Alonso del Puerto, José Lorenzana, Felipe García, Manuel Marqués, Agustín Álvarez, Benito del Puerto, Juan Marqués Gavilanes, Isidro del Puerto, Calixto López, Manuel del Puerto, Silvestre Marqués, José del Puerto, Francisco Marqués, Baltasar Marqués, Nicolás Martínez, Manuel García, Nicolás García, Santiago García Sánchez, Pedro García, Melchor Marqués, Manuel Guerra, José Marqués, Toribio y Eusebio Marqués, Tomás Carro, Rafael y Domingo Marqués, Matías Marqués, Francisco Marqués Vado, Melchor Carro, otro Francisco Marques, Rodrigo Carro, Félix del Puerto, Antonio del Puerto, otro Francisco Marqués y Santiago Carro. De ellos firmaron los que sabían hacerlo.
  27. Vicente DE CADENAS Y VICENT, María Esperanza ALONSO. Pleitos de hidalguía que se conservan en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid: extracto de sus expedientes. Siglo XVIII, Ediciones Hidalguía, 1981-1998, 36 Vols.
  28. En adelante abreviaturas: B. bautizo; N. nacimiento; C. casado con; F. fallecido; T. testó; H. hijos; P.N. pruebas de nobleza; I.J. inicia juicio; R. P. real provisión de hidalguía; Legajo y número: en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid.
  29. Localidad actual: Chano/Localidad antigua: Chano/entidad principal: Abadía de Espinareda/ Provincia actual y antigua: León. Identificador del Catastro del Marqués de la Ensenada, Respuestas generales, [en línea] PARES.
  30. ARChVa, SH, c 917,55.    
  31. Libros de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Cabañas, Archivo parroquial de Santa Ana.
  32. En la reunión estuvieron presentes, en esta ocasión, los siguientes vecinos:Isidro Carro, Bartolomé de la Mata, regidores, Santiago García Lorenzana, Juan García, Rodrigo García Carro, Andrés Marqués, Antonio del Puerto, Domingo Marqués Fajardo, Lorenzo López, Domingo Marqués Escuredo, Pedro Álvarez, Domingo Marqués Santos, Antonio Marqués, Francisco Piñeiro, Juan García, Julián Guerra, los hermanos Matías y Pablo Marqués, Ignacio García, Mateo Marqués, Gregorio Marqués, Cayetano García, Alejo García, Mateo del Puerto, Pedro Marqués Barbiñas, Juan Alonso Marqués, Rafael Marqués García, X? Marqués, Alonso Pérez y sus hijos Lucas y Pablo Pérez, Matías Marqués, Pedro Panizo, José Rubio, Santiago Martínez, Pedro Rubio, Marcos Rubio, Isidro del Puerto, Santiago Macon, Santiago García Sánchez .Firmaron los que sabían.
  33. AGS/ Expedientes de Hacienda, Leg. 115, exp. 1
  34. Aunque no figura el apellido Del Puerto en este párrafo, se cita a Roque con él en varias partes del documento, sin duda, se trata del mismo personaje.
  35. ARChVa, RE, C. 3142,44 y lo que sigue
  36. ARChVa, RE, C. 3385,8 /1775-08 y lo que sigue.
  37. ARChVa, RE, C. 3387,4/1775-09 y lo que sigue.
  38. ARChVa, RE, C. 3398,30 /1776-05.
  39. V. DE CADENAS Y VICENT…, y los extractos que siguen.
  40. ARChVa, SH, C. 1308,29.
  41. AGS/ Expedientes de Hacienda, Leg. 115, exp. 1.
  42. ARChVa, RE, C. 1850,8.
  43. ARChVa, RE, C. 2763,75.
  44. ARChVa, RE, C. 3100,3.
  45. ARChVa, RE, C. 3142,44.
  46. ARChVa, RE, C. 3176,37
  47. ARChVa, RE, C. 3385,8.
  48. Se obvia el apellido García en una parte de los registros parroquiales y el pretendiente figura sin el mismo en la solicitud judicial.
  49. V. DE CADENAS Y VICENT…, Ibídem los que siguen
  50. ARChVa, SH, C.
  51. Vicente DE CADENAS Y VICENT…



Cabañas del Portiel de Don Fernando-Cabañas Raras

 Aquilino Guerra Mallo

Cabañas del Portiel de Don Fernando. Del siglo XV al XVIII. Ponferrada, 2012

La aventura de la Historia en Cabañas Raras (Bierzo, León)

De aventura, en efecto, se puede calificar el trabajo de investigación que en su momento emprendió Aquilino Guerra para proporcionar a su pueblo un pasado histórico sobre el que había escasa información.Un objetivo abordado con tal tenacidad y entusiasmo que arrastró a otros cabañeses a colaborar en la empresa y a mí me sedujo más allá del trabajo profesional. Puedo decir que he disfrutado de este estudio y que he aprendido mucho y bueno de Aquilino y su investigación: Cabañas Raras, del Portiel de Don Fernando en la época que nos ocupó, ya está ubicada en mi geografía emocional.

El libro da cuenta del devenir histórico de Cabañas desde el siglo XV al XVIII, como indica el título, pero, sin duda, el logro más importante es el soporte documental en el que se fundamenta. Una aportación que no pasará desapercibida, pues descubre una documentación judicial procedente del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, inédita en su mayor parte hasta el momento.

Cabe destacar que la información histórica de este trabajo es relevanta tanto para Cabañas como para la región berciana, en la medida que alude a temas de importancia del norte peninsular, así, entre otros, el del régimen señorial en el Antiguo Régimen, el de la tenencia y explotación de la tierra o la resistencia del mundo rural a los usos abusivos de los señores jurisdiccionales y dueños de la tierra.

María Teresa Díez Martín

Historiadora, técnica superior de archivo, genealogista

Presentación del autor

Desde niño sentí la curiosidad y más tarde la inquietud de conocer las raíces de mis antepasados y de mi pueblo, algo que creo le ocurre a muchos de mis convecinos. Puede ser que dicho interés haya sido generado por el hecho de que a todos los cabañeses, y generación tras generación, nos hayan ido contando una leyenda muy bonita y exótica sobre los fundadores de Cabañas del Portiel de Don Fernando. Según nuestros predecesores, esos pioneros fueron unos pastores que, procedentes de la Alpujarra Granadina, llegaron con sus ganados para asentarse en cabañas de madera, piedra, barro y paja, las cuales se distribuyeron sobre lo que más tarde serían los barrios del pueblo, con el fin de repartir mejor las tierras y los pastos.

Sin embargo, siento, enormemente, tener que romper ese mito, pues aun pudiendo haber algo de cierto en tal creencia, la realidad es mucho más cruda y dolorosa de lo que nos habían contado, aunque no por ello deja de ser apasionante, tal y como se puede comprobar en este libro.

Así, cuando empecé a dar los primeros pasos en la búsqueda de los orígenes de la historia de Cabañas, tenía en mi mente tal idea que, no sin cierta añoranza, ha ido cambiando, ya  que algunas de las cosas que me habían contado desde muy joven se parecían en poco a la realidad que iba descubriendo en los documentos históricos.

La cuestión es que, por unos u otros motivos, los cabañeses desconocíamos hasta la fecha los hechos auténticos de nuestro pasado, y está claro que un pueblo sin identidad histórica real es un pueblo confundido. La historia de los pueblos es patrimonio de todos sus vecinos y, por tanto, éstos tienen el derecho y la obligación de conocerla, a riesgo, si no es así, de que tanto su identidad colectiva como la individual estén incompletas.

Hace unos años, siendo concejal de nuestro Ayuntamiento, se proyectaron dos tipos de publicaciones. Una era de fotos antiguas, conservadas y aportadas por los vecinos, que recientemente ha visto la luz en dos ediciones que han venido a enriquecer el conocimiento histórico de nuestro pueblo, y que desde aquí aprovecho la ocasión para felicitar a los autores de ambas obras. La otra, tenía que ver con la historia de Cabañas, y que es, por fin, la que aquí se presenta. Una historia que hasta el momento, como se ha dicho, estaba por escribir y que hace ya tiempo se constituyó para mí en un objetivo prioritario, cuyo resultado son estas páginas. La tarea no ha sido fácil, en la medida que la pretensión, desde un principio, fue hacer una historia documentada en fuentes acreditadas, lo cual es un trabajo minucioso y complejo. Pese a ello, he disfrutado descubriendo la historia de nuestro pueblo y de nuestros antepasados, tan lejos estos en el tiempo y, no obstante, tan cercanos en ciertos apellidos perpetuados generación tras generación durante siglos.  Se puede decir, incluso, que estos apellidos son una herencia del pasado que se constituye en seña de la identidad histórica de Cabañas.

Por otra parte, al tratarse este libro de un trabajo que pretende ser veraz, y en esta medida documentado, necesité rodearme de colaboradores que me ayudaran a buscar la información histórica precisa. He tenido la gran suerte de encontrar no sólo colaboradores sino personas que se volcaron con entusiasmo y dedicación en mi proyecto. La lista de todos los que han ayudado, generosa y desinteresadamente, a hacer posible esta aventura es larga, pero no por ello quiero dejar que figure mi agradecimiento, a la mayor parte posible de ellos, en el apartado destacado que se merecen.

Cuando surgió la idea de escribir un libro con la historia de Cabañas, mi intención era la de llegar lo mas atrás posible en el tiempo buscando el origen, y lo más cerca en el presente contando cosas que la gente más joven desconoce. Ha sido tanta la documentación que entre todos hemos conseguido reunir que no queda más remedio que dividirla, porque de no hacerlo así, en vez de un libro sería una enciclopedia de historia de mucho volumen, que aburriría al lector con tantos datos históricos juntos. Por este motivo, esta primera parte cuenta la historia de Cabañas desde la primera documentación encontrada, hasta finales del siglo XVIII.

Durante los siglos XIX y XX ocurrieron hechos trascendentales en Cabañas, que por ser muy importantes, necesitan de mucho espacio para ser contados. Es por ello que, aun con gran pesar por mi parte, este periodo ha de esperar un segundo tomo.

Por último, quiero decir que ni soy escritor, ni investigador, ni profesional de la literatura, por lo que pido disculpas por los fallos que pueda cometer. Soy sólo un cabañés muy sentimental que me propongo conocer la verdadera historia de nuestro pueblo. Conocimiento que quiero compartir con mis familiares, amigos, vecinos de todas las edades, pero, especialmente, con los más jóvenes, porque son ellos los llamados a trasmitir nuestra historia en el futuro. Ya sea la historia del pueblo, de las gentes, leyendas o anécdotas recogidas de nuestros mayores. En definitiva, se puede hablar de un legado cultural que si no pasa al papel impreso está condenada al olvido. Espero, por todo ello, que este trabajo contribuya a definir de alguna forma la identidad presente y futura de Cabañas. También, y en la medida que corresponda, que sea una aportación a la historia del Bierzo


ÍNDICE

Presentación
Agradecimientos
Introducción
Abreviaturas

CAPÍTULO 1. Geografía histórica de Cabañas
1.1. Sobre el nombre de Cabañas del Portiel de Don Fernando
1.2. La Vía Nova
1.3. Puentes Romanos
1.4. Camino de Santiago
1.5. Puente de Congosto
1.6. Camino Real o de Carlos III
1.7. Carretera Vieja
1.8. La iglesia de Cabañas

CAPÍTULO 2. El Bierzo y Cabañas en el Antiguo Régimen
2.1. Demografía de Cabañas del Portiel de Don Fernando
2.1.1. La Averiguación de la Corona de Castilla en 1530
2.1.2. El Censo de alcabalas de Felipe II (1561)
2.1.3. El Censo de millones de Felipe II (1591)
2.1.4. El Catastro del marqués de la Ensenada (1753)
2.1.5. Evolución de la población forera de Cabañas según los apeos
2.2. La repartición de moriscos en la jurisdicción de Ponferrada en 1571

CAPÍTULO 3. Señores y dueños de Cabañas
3.1. El siglo XV y los primeros señores de Arganza
3.1.1. Don Pedro Álvarez Osorio, conde de Lemos
3.1.2. El enfrentamiento entre los herederos del conde de Lemos y la división del señorío
3.1.3. Pleito por la recuperación del señorío de Arganza
3.1.4. Las Aldonzas, nuevas dueñas del señorío
3.2. Siglo XVI
3.2.1. Pleito de Alonso Panizo (1536-1539)
3.2.2. Los Sánchez de Ulloa desde 1547 a 1639
3.3. De las tierras y montes comunales
3.3.1. Pleito Sánchez de Ulloa con el Concejo y vecinos de Cabañas
3.4. Siglo XVII
3.5. El enfrentamiento entre los dueños y señores

CAPÍTULO 4. El devenir de Cabañas en el siglo XVIII
4.1. La Corona en defensa de las libertades de los concejos (1717)
4.2. Señoríos y Apeos en Cabañas del Portiel de Don Fernando (1689-1737)
4.3. La querella antiseñorial de Cabañas del Portiel de Don Fernando (1730)
4.4. Se perpetúa el conflicto de los foros, Melchora Jalón y Brizuela (1714-1775/ 1776)

CAPÍTULO 5: El Catastro del marqués de la Ensenada

CAPÍTULO 6. El estamento noble: los hijosdalgo de Cabañas
6.1. Velico Auriolis: la hidalguía de privilegio de los García Castañón de Cabañas, 1649
6.1.1.    El primer pleito por el privilegio de Velico Auriolis
6.1.2. Segundo pleito de Velico Auriolis    192
6.1.3. Los descendientes Auriolis, hidalgos de privilegio
6.2. Las reales provisiones de hidalguía en el siglo XVIII
6.2.1 Los Guerra
6.2.2. Los Álvarez del Puerto
6.2.3. Los Marqués
6.2.4. García Lorenzana

CAPÍTULO 7. Aparece en la documentación el nombre de Cabañas Raras

Bibliografía
Tablas
Ilustraciones

 

 

Presentación pública

El 16 de febrero de 2013, el autor presentó el libro en la sala de cultura de Cabañas Raras. El acontecimiento fue recogido por el periódico Bierzo 7 (21/02/2013) en una entrevista al autor   [en línea]

Entrevista al autor en la Cope

Lunes 18/02/2013. Aquilino Guerra Mallo, autor del libro “Las Cabañas del Portiel de Don Fernando (Del siglo XV al XVIII), ha comentado en La Mañana en El Bierzo, los datos más significativos de la historia de la localidad berciana de Cabañas Raras.

     escuchar


 

La aventura de la Historia continúa en Cabaña Raras

Presentación del segundo volumen de la historia de Cabañas Raras, 1 de mayo de 2015, Casa de Cultura de Cabañas:

El final del señorío en Cabañas (1800-2015)

El acto de la presentación

                                  

Presentando el libro. Aquilino Guerra Mallo y María Teresa Díez Martín, tercera y cuarto desde la izquierda, y los representantes municipales, de izquierda a derecha: Manuel García Marqués, Emilio Terrón García, María Teresa Asenjo Rodríguez, Juan Marcos López Gutiérrez (alcalde), Félix Campelo García.

El auditorio

                                                                      

 De izquierda a derecha: la berciana y doctora en Historia, Lourdes Amigo Vázquez, María  Teresa Díez Martín y Aquilino Guerra Mallo

Presentación

María Teresa Díez Martín

El creciente peso de la historia local en la producción histórica española es hoy un hecho a destacar, porque se remonta en ello una larga tradición de menosprecio desde el academicismo que ha alejado, lamentablemente, a la Historia de nuestro país de decisivas corrientes historiográficas internacionales, arquitectas de la elevación de la microhistoria de “lo local”, como de otras temáticas micro, a la categoría de indispensable en el andamiaje histórico. Por tanto, hay que recibir la presente obra con felicitaciones.

Dicho esto, no cabe negar que desde el siglo XVIII han sido muchos los eruditos locales que han dejado una abundancia de publicaciones tan ensalzadoras de sus pueblos, regiones o tradiciones como faltas de cualquier rigor histórico. Por fortuna, no es el camino que ha tomado Aquilino Guerra Mallo en el conjunto de esta obra. Pues, si por una parte, no causa mengua en el relato de lo cotidiano, lo cercano y tradicional y con ello retrata la escenografía humana que tipifica a Cabañas Raras, antes Cabañas del Portiel de Don Fernando, en el que se trasluce la honda pasión del autor hacia su tierra, por otra parte, y desde un principio, ha planteado como condición indispensable en la investigación del pasado apoyarse en la documentación disponible. Su objetivo declarado es recuperar la memoria perdida del tiempo pasado y elaborar una historia de su pueblo ajustada a las fuentes históricas, para dejar este legado a los vecinos que son ahora y a las generaciones futuras.

Si este respeto por la Historia y sus instrumentos subraya la sensibilidad cultural y cabeza bien armada del autor, hay que destacar, además, como ha logrado aunar en torno a su proyecto de investigación a un grupo cualitativo de convecinos, amigos y colaboradores que hacen de este estudio, en la medida que corresponde a esa ayuda y colaboración, una obra de aportación colectiva. Esto es meritorio por parte del hacedor de esta obra y la convierte en un producto propio de cabañeses y cabañesas, un motivo más para que sea referencia de la seña de identidad de Cabañas Raras; un pueblo, a partir de esta obra, con una historia en la que se reconoce.

Publicada ya con este segundo volumen la obra en su totalidad el importante trabajo documental efectuado queda a disposición no solo de los paisanos también de historiadores y otros especialistas, pues se ha desvelado una documentación, en su mayor parte inédita, factible de estudiar desde varias perspectivas, que si ha servido bien al propósito de historiar Cabañas, además, interesa a la historia del Bierzo y en lo que le toque a la historia nacional. En este sentido se debe de destacar que las fuentes manuscritas conservadas en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, que han sustentado el trazado de la Edad Moderna en Cabañas y los entresijos de su sujeción señorial, son excepcionales, como ya quedó señalado en el primer volumen de esta obra. Se añade en esta segunda parte una rica documentación local procedente del Archivo Municipal, del Provincial de León, de los archivos eclesiásticos, hemerotecas y fuentes orales que permite completar el tránsito histórico de Cabañas hasta la actualidad, ya sea en su evolución económico-social como en la de la geografía urbana. Geografía humana, por extensión, pues está ligada a sus vecinos, inevitablemente personalizados en el orden conceptual del autor y en lo que es uno de los mayores aciertos de este trabajo. Aparecen, así, los habitantes con nombre propio e historia familiar, punto este en el que se ha de enfatizar el buen provecho genealógico sacado de los “papeles”, porque, ahora, a través de esta obra, las líneas familiares que habitan la historia de Cabañas siglo tras siglo se constituyen en patrimonio histórico común del pueblo.


ÍNDICE

PRESENTACIÓN

DEDICATORIA Y AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

CAPÍTULO 1. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808-1814)

1.1. Inicio de la Guerra de la Independencia en el Bierzo y las tropas bercianas durante el conflicto

1.2. Guerra de la Independencia en Cabañas (1808-1809)

1.3.  Relación de algunas personas enterradas en Cabañas durante la Guerra de la Independencia

CAPÍTULO 2. LA MUERTE DE UN NIÑO (1815)

CAPÍTULO 3. EL FINAL DEL SEÑORÍO EN CABAÑAS

3.1. Donación del señorío de Arganza

3.2. El robo de una carta ejecutoria (1831-1833)

3.3. Convenio entre don José María Sánchez de Ulloa (señor de Arganza) y su sobrino-nieto, don José Valledor y Vivero

3.4.  Escritura de Concordia de don José María Sánchez de Ulloa

3.5. Final de la familia Sánchez de Ulloa

3.6. Amparo del señor de Arganza a favor de don Juan Gil y Bas

3.7. Construcción del Cementerio de Cabañas

3.8. Así era Cabañas en 1846

3.9. Don José Valledor y Vivero toma posesión de los bienes del señorío de Arganza (1834-1859)

3.10. La supresión de los señoríos y mayorazgos en España

3.11. La Venta de las propiedades de los señores de Arganza (1859)

CAPÍTULO 4. LA COMPRA-VENTA DEL PUEBLO DE CABAÑAS

4.2. Un día grande en la historia de Cabañas: 5 DE MAYO DE 1860

CAPÍTULO 5. LA LLEGADA DE COMERCIANTES Y OTRAS FAMILIAS

5.1. Los Seco

Familia Seco Fernández
Familia Seco Sánchez
Jesusa Seco Sánchez
Familia Seco Feo
Familia Seco Álvarez
Otra familia Seco Sánchez
Familia Seco Rodríguez
Familia García Seco
Familia Rodríguez Seco
Gregorio Seco Sánchez
Familia Seco Marqués
Florencio Seco Marqués
María Claudina Seco Marqués
Manuel Seco Marqués
Martín Seco Marqués
Manuela Seco Marqués

5.2. Los Cabo

Familia Cabo Marqués
Vicente Cabo Marqués
Bernardino Cabo Santalla

5.3. Los Bardón

Familia Bardón del Puerto

Manuel Bardón del Puerto
Jesús Bardón del Puerto
Restituto Bardón del Puerto
Benjamín Bardón del Puerto

CAPÍTULO 6. FINAL DEL SIGLO XIX

6.1. Alistamiento de 100.000 hombres

6.2. La filoxera de la vid

6.3. La emigración de cabañeses a América

La familia Marqués López (emigrantes a Argentina)
La familia Martínez Marqués (emigrantes a Brasil)

6.4. Los quintos de 1897 en Cabañas

6.5. La Taberna Vieja

CAPÍTULO 7. LLEGADA DEL SIGLO XX

El despegue de Cabañas

7.1. La minería en el Bierzo

Oficios artesanos

La Minero Siderúrgica de Ponferrada
La otra minería

7.2. El Lagunón

7.3. Época de racionamiento y estraperlo

CAPÍTULO 8. HISTORIAS DE CABAÑESES

Historia de una casa que fue del Señorío

El Capitán
Balbino Mallo Nistal
Francisco Mallo Guerra (El Tío Quico)
Ángela Mallo Guerra
Francisca Mallo Guerra (la tía Paca)
La maestra Virginia
Florinda García García (otra maestra)
La tía Concha (Concepción Seco Sánchez)
Familia del Puerto Marqués
Restituto del Puerto Marqués
Familia Fernández Rodríguez
Familia Fernández López
Familia López Fernández
Familia Martínez López
Francisco López Fernández (Paco)
Familia González Morán
Otros personajes

CAPÍTULO 9. LAS ESCUELAS EN CABAÑAS

Maestros en Cabañas desde 1892

Maestros en Cabañas desde los años sesenta del siglo XX

CAPÍTULO 10. CUANDO ÉRAMOS MÁS JÓVENES

10.1. El baile en Cabañas hasta mediados del siglo pasado

10.2. Nuevos bares y tiendas

10.3. La luz eléctrica en Cabañas

10.4. El teatro y el baile en Cabañas desde mediados del siglo pasado

Obra de teatro “Amor y sacrificio”
Don Juan Tenorio
Grupos de teatro actuales
El baile en la pista
Un vocalista de Cabañas

10.5. La Virgen de la Encina

Peregrinación de la Virgen de la Encina a Cabañas en 1958

10.6. El cine en Cabañas

10.7. Las fiestas en Cabañas

Santa Bárbara
Fiesta de Santa Ana
Fiesta de Santa Ana en el campo

10.8. La década de los sesenta

La emigración a Europa
Llega el primer turismo
La cerámica
El canal
La Plaza del Ayuntamiento
Cooperativa Vinícola

10.9. Nuevos negocios

10.10. Modistas

10.11. El fútbol en Cabañas

Fútbol en los años cincuenta
Fútbol en los años sesenta
Fútbol en los años setenta
Balbino García Puerto
Fútbol en los años ochenta
Fútbol alevín e infantil

10.12. Ofrenda a la Virgen de la Encina (1991)

10.13. El Polígono Industrial

10.14. La siega en Cabañas

CAPÍTULO 11. SIGLO XXI

11.1. Concursos de siega en Cabañas en la década de los 2000

11.2. Peregrinación de la Virgen de la Encina a Cabañas en 2008

11.3. El Belén de Cabañas

Pepe el Zapatero

CAPÍTULO 12. LOS BARRIOS DE CABAÑAS

   Barrio del Caserón
* Vecinos que fueron del Barrio del Caserón

Barrio de Arriba
* Vecinos que fueron del Barrio de Arriba

Barrio de Los Rubios
* Vecinos que fueron del Barrio de Los Rubios

Barrio del Teso
* Vecinos que fueron del Barrio del Teso

Barrio de La Venta
* Vecinos que fueron del Barrio de La Venta

Barrio de Abajo

La familia Patacas
Tratantes de ganado
Mujeres emprendedoras
Casas de barro en este y otros barrios
Vecinos que fueron del Barrio de Abajo

     Barrio de La Cogolla
* Vecinos que fueron del Barrio de La Cogolla

Barrio del Agua
* Vecinos que fueron del Barrio del Agua

La Campablanca

Barrio de La Malladina

* Vecinos que fueron del Barrio de La Malladina.

El Barrio de La Dehesa
* Vecinos que fueron del Barrio de La Dehesa

Barrio de Santa Ana
* Vecinos que fueron del Barrio de Santa Ana

Barrio del Centro
* Vecinos que fueron del Barrio del Centro

Cortiguera
* Vecinos que fueron de Cortiguera

ANEXO I. DEMOGRAFÍA DE CABAÑAS RARAS DURANTE LOS SIGLOS XIX Y XX

ANEXO II. LAS AUTORIDADES DE CABAÑAS ENTRE 1800 Y 2015

Párrocos de Cabañas

Jueces Municipales

Alcaldes

 

Abreviaturas

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

ÍNDICE DE TABLAS

ÍNDICE GENERAL


De turismo por Cabañas Raras y el Bierzo

La presentación de este segundo volumen fue la mejor oportunidad para un recorrido inolvidable por Cabañas y el paisaje berciano, que fue posible gracias a nuestro anfitrión Aquilino Guerra, quien preparo la visita al detalle. Lourdes Amigo, mi acompañante en este evento, y yo disfrutamos de ello y sobre todo de la gente. Es obligado agradecer desde aquí a Aquilino la deferencia con la que nos agasajó y el trabajo que puso en la organización de esta andanza. De igual forma, solo cabe agradecer al resto de los vecinos con los que tratamos su amabilidad.

Saldado ha quedado el deseo, muchas veces expresado durante la investigación, de reconocer sobre el terreno la geografía trazada en los documentos históricos, lo cual ha supuesto una satisfacción personal. Pero, también, ha sido un feliz descubrimiento el hacer humano en el que se reconoce un pueblo vital que disfruta de su privilegiado entorno natural. En esta dimensión quiero destacar el llamado Belén de Cabañas, porque para mí fue una sorpresa. Sobrepasa, sin duda, en mucho, la denominación de belén, ya que es más bien una singular obra artesana de más de seiscientas figuras que pone en escena la historia de usos, costumbres y trabajo en zona, y todo ello en movimiento, animado por  ingeniosos mecanismos, que puede calificarse de muestra etnográfica.

El artífice de esta espléndida obra es José Fernández López, Pepe el zapatero por su antiguo oficio, aunque también fue emigrante en América y minero en el Bierzo. Todo un personaje y un artesano de primera categoría con el que colaboran amigos y familiares. Todos conforman un equipo que hace posible el belén y llena de orgullo a los cabañeses, tal y como lo expresa Aquilino en su libro.

                  

Pepé el zapatero con su obra

 

 

 

 

Vídeo del Belén




Proyecto Gumucio

Marcelo A. Gumucio. In Search of my ancestors. From Vizcaya to California/ En busca de mis antepasados. De Vizcaya a California. Edición original Marcelo A. Gumucio Cortés, CD, abril 2008. Edición digital Frentes Avanzados de la Historia, julio de 2008.

 

La presente publicación transciende en mucho a las usuales investigaciones genealógicas que se desenvuelven en la esfera extra-académica, en general más voluntariosas que rigurosas, y cuyo máximo objetivo es establecer filiaciones y vínculos familiares que permitan reconstruir un árbol familiar. Aun siendo este, también, el fin que impulsó en sus comienzos el estudio de don Marcelo Gumucio Cortés, su intuitivo e inteligente planteamiento de investigación aseguró una seria y sistemática búsqueda documental que abrió la investigación a otras perspectivas históricas de interés.

Por fortuna, la relativa abundancia y calidad de las fuentes manuscritas en torno a los orígenes vascos de la familia Gumucio aseguran su identidad al menos desde el siglo XV. Documentación situada, en su parte principal, en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Foral de Bizkaia, que ha permitido trazar un preciso perfil histórico-social de los Gumucios vascos. Perfil prolongado al otro lado del Atlántico, cuando una rama de los Gumucio de Galdácano inició en el siglo XVII la aventura de la emigración a los territorios del sur americano. Fue el comienzo de un periplo continental extendido en el tiempo que llevo a los desciendentes directos de aquellos viajeros vascos a California.

La investigación continúa abierta, sin remedio ante la calidad documental a la que aludimos, e incluso esta primera publicación ya ha de llevar el obligado anuncio de futuras precisiones y algunas correcciones surgidas después de su montaje. Así, pendiente queda un árbol genealógico más preciso de la familia Isasi que entroncó con los Gumucio, y la atractiva trama socio-económica y cultural en la que se desenvolvieron los dos clanes familiares.  Tanto lo ya trabajado como lo que falta por publicar respecto al período de la génesis familiar alrededor del Quinientos, que es la parte en la que yo he profundizado con mayor extensión por encargo de don Marcelo Gumucio, constituye  una aportación, sin duda, al fundamental contexto histórico de la villa de Galdácano, Galdakao, y por extensión al del País Vasco.

 María Teresa Díez Martín

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Hidalguía de Martín de Gumucio

 

Boda de Hidalgos (en Vizcaya) de Francisco Blázquez de Mendieta (siglo XVI)

A finales del año 1547 Catalina de Arratia denunció a Martín de Gumucio por el impago de la renta de dos años acordada sobre las propiedades de Martín. Este fue preso y sus propiedades embargadas por la justicia.

La causa se abrió formalmente en la Real Chancillería de Valladolid en 1548, cuando Catalina de Arratia apeló en este tribunal real a la sentencia dada, el 12 de abril de 1548 en Bilbao, por el corregidor de Vizcaya en favor de la excarcelación de Martín de Gumucio, En dicha sentencia se reconocía la calidad de hidalgo de Gumucio que muestra el manuscrito, y en razón de ello su derecho a no ser preso por deudas. Pedía la demandante, pues, que se revocara la sentencia y se mantuviera encarcelado a Martín hasta que pagara la deuda.

El reconocimiento de este privilegio estamental, según rezaba la letra de los Fueros vizcaínos, fue solicitado por Martín haciendo uso de su derecho también unos años antes, 1544, e igualmente reconocido y puesto en libertad. Aunque sus bienes en las dos ocasiones quedaron embargados.

 “Fallo que debo declarar y declaro el dicho Martín de Gumucio haber probado su hidalguía…”

 

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Pleito C-164-3. Catalina de Arratia contra Martín De Gumucio y Mari Ortiz De Isasi (1547- 1550)

 

 

Escritura del mayorazgo y vínculo instituido por Martín de Gumucio y Teresa Ruiz de Ubilla. Galdácano, 2 de agosto de 1578 

 

Escultura La Ferrería. Plaza de Usansolo, Galdakao

Copia inserta en el pleito entre Francisco de Gumucio y Sebastiana de Gumucio, 1714. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Sala de Vizcaya. Caja 3415.005.

Del rico cuerpo documental que fundamenta la investigación de los Gumucio de Galdácano, destaca esta escritura pública de la creación del mayorazgo familiar por su importancia, ya que expone el punto de partida de la prosperidad y ascenso social de estos Gumucio.

 

Transcripción del mayorazgo

 

 

 

Rectificación de la genealogía Gumucio a la luz de una última investigación

En la primera versión del árbol genealógico se atribuyó por padre y madre de María Ortiz de Isasi, esposa de Martín de Gumucio, al bachiller Gaspar de Isasi y su primera esposa Juana Gómez de Zamudio. Es necesario rectificar dicha información, pues después de una lectura detallada de los testamentos del bachiller queda claro que María Ortiz de Isasi fue hija natural, y reconocida, del bachiller y Catalina de de Aresqueta, criada del padre de Gaspar, el bachiller Martín Sáenz de Isasi, y de él mismo.

Ítem, declaró que por cuanto Catalina de Aresqueta, criada que fue del señor bachiller Martín Sáez de Isasi, su padre, y madre de Mari Ortiz de Isasi, su hija, le había servido un año, mandó que le paguen dos mil maravedís por razón del dicho servicio, además de la manda hecha por el dicho bachiller, su padre difunto, en favor de la dicha Catalina los cuales dichos maravedís mandó se pagasen a la dicha Mari Ortiz, su hija y heredera de ella, por fin de la dicha Catalina (…)

Cierta manda testamentaria de Juana Gómez de Zamudio en favor de Mari Ortiz de Isasi hace suponer una relación de afectividad familiar, es plausible que Mari Ortiz de Isasi se criara en la casa de los Isasi, con su padre y Juana Gómez de Zamudio.

Ítem, mando a mi hija Mari Ortiz/”Urtiz” de Isasi, la de Gumucio, cincuenta ducados, entiéndase con los maravedís que tiene mandado doña Juana Gómez, mi primera mujer difunta, y que la primera manda y lo que tengo hecho en presencia de Diego de Olabarri, escribano y con esta se entienda los dichos cincuenta ducados, los cuales mando pagar a la dicha doña Mari Ortiz y a sus herederos de ella.

Los diferentes testamentos del bachiller Gaspar de Isasi estudiados se hayan insertos en los pleitos que siguió, a finales del siglo XVI y en el XVII, en la Chancillería de Valladolid, Mari López de Isasi, hija del bachiller y Juana de Zamudio, contra su hermanastra, Juana Sáez de Isasi, hija del segundo matrimonio de su padre con Elvira Sáenz de Ubieta, y  heredera única del bachiller, por la herencia de este, padre de ambas, y cuyo bien principal era la casa y solar de Isasi con todas sus pertenencias. ARCHV, Sala de Vicaya, C. 2600,4 (1569 ); Registro de Ejecutorias, C. 2392,21 ( (1624).

Testamentos del bachiller Gaspar de Isasi

 

 


NOTAS

[1] El término jurídico correcto es donatio propter nuncias. Es lo que coloquialmente se llama un latinajo. El concepto define, en esencia, la donación que el varón daba a su esposa por razón del casamiento, propiamente lo que se llamaba arras, aunque, por extensión, incluyó donaciones de otras procedencias familiares.

[2] Perduliones o traiciones.

[3] En este caso se trata, también, de un derivado del término latino lesae magestatis.

 

Visita a Galdakao y al caserío de los Gumucio en octubre de 2012

       

  1. (De iaquierda a derecha) Mayte Díez Martín, Mark Minguillón Gumucio, los dueños actuales del caserío de los Gumucio y el quinto  don Marcelo Gumucio Cortés.  2. Aquí, además de parte de los anteriores, Linda Cloonan en el extremo derecha.  2012



Hernando de la Parra, un palentino en la conquista de Perú y fundación de Quito. Una aportación a su biografía

Roberto Velasco Serrano

 

RESUMEN

Hernando de la Parra es un personaje del que en Ecuador se conocen suficientes situaciones de su vida; se sabe el nombre de su esposa y el de seis de sus hijos; así como el devenir de la mayoría de ellos. También se tiene constancia de bastantes hechos de su vida social, como soldado primero, y como vecino de Quito después. Pero nada se sabe de su vida anterior a la llegada a San Miguel, salvo algunas suposiciones, basadas en conjeturas. En España sí que es realmente un desconocido, pues ni siquiera recuerdan en Baltanás[1], su pueblo de nacimiento, que él existiera, a pesar de que allí pasó su infancia y juventud, se casó y tuvo como mínimo un hijo, antes de embarcarse para las Indias. Aquí no hay ninguna calle con su nombre que le recuerde, ni se le ha levantado monumento alguno, como se hizo con otros conquistadores. En el presente artículo se aporta información nueva que completa la biografía de este conquistador y poblador, fundamentada en un documento inédito que nos da información sobre la etapa de su vida anterior a la llegada a Perú y completa datos sobre su estancia en Quito.

Palabras clave: Quito, encomienda, encomendero, Belalcázar, Pizarro, de la Parra, San Miguel de Piura, Rumiñahui, Baltanás, Palencia.

ABSTRACT

Hernando de la Parra is a personage of whom in Ecuador there are known sufficient situations of his life; there is known the name of his wife and of six of his children; as well as to develop of the majority of they. Also there is had witness of enough facts of his social life, as the first soldier, and as neighboring of Quito later. But nothing is known of his life previous to the arrival to San Miguel, except any suppositions based on conjectures. In Spain yes that is really a stranger, since they do not even remember in Baltanás, his people of birth, that he existed, in spite of the fact that there his infancy and youth happened, married and took a son as a minimum, before embarking for the Indies. Here there is no street with his name that he remembers, some monument nor has got up, since it was done by other conquerors. In the present article there is contributed new information that completes the biography of this conqueror and settler, based on an unpublished document that gives us information about the stage of his life previous to the arrival to Peru and completes information on his stay in Quito.

Keywords: Quito, encomienda, holder in an encomienda, Belalcázar, Pizarro, de la Parra, San Miguel of Piura, Rumiñahui, Baltanas, Palencia.

Agradecimientos[2]

 

Contenido

El hallazgo de un documento inédito sobre Hernando de la Parra

Vida y hechos de Hernando de la Parra en Indias

Bibliografía

El autor

Notas

Línea genealógica española de Hernando de la Parra

 

El hallazgo de un documento inédito sobre Hernando de la Parra

Cuando buscaba información sobre Hernando de Villoldo, vecino de Baltanás, mi décimo abuelo paterno en una de las líneas de mis antepasados, encontré en el Archivo Histórico Provincial de Palencia[3] un “Pleito civil entre Hernando de Villoldo y los herederos de Alonso Rodríguez de Mena y los hermanos del dicho Hernando de Villoldo, vecinos desta villa”, en el que Hernando reclamaba una tierra que le correspondía por herencia de su abuelo Hernando de la Parra. Inserto en este pleito figura el traslado de una “escritura de concierto” o acuerdo, escriturada en Quito, el 7 de febrero de 1569. Se trata de un documento inédito hasta el presente que aporta novedosa información a la biografía de Hernando de la Parra, conquistador del Perú y vecino de Quito, bisabuelo de Hernando de Villoldo. Fue posible cotejar este concierto con la copia recogida, al mismo efecto, en la continuación del litigio seguido en la Real Chancillería de Valladolid, donde se conserva en su archivo[4].

Según lo que se deduce del citado documento, Hernando de la Parra el mozo, el que pasados los años sería abuelo de Hernando de Villoldo, en 1564 pidió licencia para pasar a Perú, como está corroborado en los registros de la Casa de Contratación de Sevilla, donde esperaba ver y conocer a su padre, Hernando de la Parra el viejo, y pedirle la legítima que le correspondía de su difunta madre María de Salinas, que había sido la primera esposa de su padre[5].

El 15 de marzo de 1567:

Hernando de la Parra, natural de la villa de Baltanás, hijo de Hernando de la Parra e de María de Salinas se despachó a la provincia del Pirú por cédula de su magestad, e lleva consigo a Elvira Núñez, su muger, natural de la dicha villa, hija de Andrés Núñez y Ana Albín, y Mari Candela su hija soltera…[6]

En Quito, y en lo esencial del acta del acuerdo, este De la Parra mozo hizo cesión de sus derechos sobre el feudo de indios y el mayorazgo en su hermano Hernando de la Parra Corral (pues su padre, viudo de María de Salinas, había contraído un segundo matrimonio con Francisca del Corral, con la que tuvo al menos seis hijos, el mayor de los varones también llamado Hernando). Sigue por su interés la transcripción de la escritura de Quito:[7]

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AHPP, P, 11.553, ff. 136 r.

Transcripción

 

 

 

 

Con los datos que se aportan en este documento podemos asegurar con suficiente fundamento, que Hernando de la Parra, conquistador en el Perú, uno de los fundadores y primeros pobladores de la ciudad de Quito, no era extremeño, ni nacido en Guadalcanal (Sevilla)[8] como habitualmente se escribe, sino baltasaniego.

Hernando Rodríguez de la Parra, el mozo, volvió a su pueblo palentino unos años después, quizás tras de la muerte de su padre, pues, al parecer, su ausencia se prolongó unos cinco o seis años. Regresó viudo, ya que su esposa Elvira Núñez falleció[9] en el trayecto, antes de llegar a Sevilla.

Hacia 1573 hizo un segundo matrimonio con Isabel Tijero, con la que tuvo un hijo que fue bautizado, con el nombre de Fernando, el 4 de julio de 1574 en San Millán, pero parece que no prosperó. Isabel falleció en fecha indeterminada entre 1576 y 1578, ya que esta no figura en su partida de defunción[10]. Hernando hizo un tercer matrimonio con Ana de Laguardia.

Hernando de la Parra el mozo dictó su testamento el 4 de septiembre de 1580. Entre las varias claúsulas que contiene, dispuso una que dice así: “yten, mando que se digan diez misas a loor del Espíritu Santo por la conversión de los indios que Hernando de la Parra mi padre tuvo en Indias”. En el mismo dejó como herederas a sus hijas Ana de la Parra y María Candelas de la Parra. Falleció el día 13 de dicho mes y año.

La descendencia de Hernando de la Parra en España llega hasta nuestros días.

 

Vida y hechos de Hernando de la Parra en Indias

Como ya se ha indicado, ni mucho menos es Hernando de la Parra un desconocido en Ecuador y en su capital Quito, donde tiene una calle con su nombre[11], y como una figura reconocida de la conquista se le cita en numerosos libros y artículos sobre temas locales, históricos y antropológicos. En menor volumen y más corta dimensión se ha ocupado del personaje la investigación americanista en España, donde es uno más de la lista de conquistadores y pobladores. No obstante esa difusión ecuatoriana de la propia historia, el perfil del personaje está incompleto. Aunque, ahora, queda más definido en lo que toca a sus orígenes con la aportación del documento expuesto. Desde este punto biográfico de partida y otras informaciones recogidas de muy diversas fuentes, se puede esbozar el recorrido de los hitos más relevantes de la vivencia de este conquistador en el territorio norte del imperio inca, el Quito-Chinchaysuyo, y como fundador y poblador de la ciudad de Quito en el nuevo reino del Perú.

 

— Hipotética secuencia temporal de la vida de Hernando de la Parra

Hipotética secuencia temporal de la vida de Hernando de la Parra

 

Presentaré de forma breve los hechos aquí reseñados, ya que para ampliaciones se pueden consultar trabajos más pormenorizados y especializados de investigadores americanistas. Comenzaré el relato en San Miguel de Tangarará:

Es conocido que Francisco Pizarro había llegado en 1532 al pueblo tallán de Tangarará (Perú), situado a orillas del río Chira, donde a mediados de agosto fundó su primera ciudad en el Perú: San Miguel de Tangarará[12]. Igualmente lo es que poco después de los hechos de Cajamarca (16 noviembre 1532) y antes de salir para Cuzco, nombró por teniente gobernador de aquel asentamiento al capitán Sebastián de Belalcázar, uno de los miembros destacados de su expedición.

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Belalcázar, no aguantó mucho tiempo en aquella colonia, intranquilo por la posible llegada de Pedro de Alvarado con un ejército muy numeroso, y apremiado por las demandas de ayuda de los cañaris contra el general inca Rumiñahui; así que con un grupo de no más de ciento cincuenta o doscientos soldados, entre jinetes e infantes, y sin esperar las órdenes de Pizarro, pero contando con la decisión afirmativa del cabildo abierto que habían convocado los vecinos de San Miguel, comenzó la conquista del territorio que llamaban “del Quito”.

Hernando de la Parra se encontraba con anterioridad en San Miguel o bien llegó precisamente en esas fechas[13], y con sus armas y caballos, más dos escuderos a “su costa y minción”, se incorporó al grupo de aventureros.

 

 

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Sebastián de Belalcázar, por Eladio Sevilla. Museo Municipal de Quito

 

La fecha de la salida es controvertida, variando, según los investigadores, entre los meses finales de 1533 y alguno de los primeros meses de 1534[14]. El grupo de españoles contó con la ayuda de los indios tallanes que actuaron como cuerpos auxiliares y al llegar a Tomebamba (mes de abril) se unió al insuficiente grupo un numeroso ejército de indios cañaris, deseosos de vengarse de los incas a causa de las crueles acciones que Atahualpa había cometido con ellos y dispuestos a apoyarles contra Rumiñahui, enemigo común[15].

Desde Tomebamba siguieron el camino inca pasando por Sibambe, Riobamba, Mocha, Muliambato (actual Salcedo), Uyumbicho y Panzaleo, hasta llegar a la ciudad de Quito. En ella se encontraron con algunos edificios en llamas, comprobaron que la mayoría de sus habitantes habían huido y sobre todo, que estaba vacía de los tesoros esperados. Pero allí plantó Belalcázar el pendón castellano el 24 de mayo de 1534. Tras unos días de descanso este salió hacia el norte (Cayambe) en persecución de Rumiñahui, que días antes se había replegado a los Yumbos junto con Zopozo Paucar, gobernador del Quito.

En los varios meses que tardaron en hacer el recorrido, Hernando demostró un gran arrojo y pericia en la estrategia militar, en acciones tales como: el desalojo de los indios que les hostigaban desde las alturas en el pueblo de Sibambe, la sangrienta batalla que tuvo lugar en el estratégico nudo de Teocaxas (Tiocajas) antes de poder llegar a Riobamba, y las otras escaramuzas y guazábaras que se fueron dando en cada una de las citadas poblaciones de la ruta inca. En todas ellas destacó por su audacia para enfrentarse a las situaciones y superar las trampas que les preparaba el astuto Rumiñahui, al que él mismo, en un pasaje de su probanza de méritos, califica de valeroso capitán.

 

Hernando de la Parra-Desfiladero de Sibambe

Desfiladero de Sibambe

 

Hernando de la Parra asistió a la fundación de San Francisco de Quito sobre las ruinas de una ciudad devastada, siendo asimismo de los primeros 204 vecinos que la habitaron. Los hechos se desarrollaron, más o menos, en la siguiente sucesión:

Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala, había desembarcado en la Bahía de Caráquez, y se dirigía a “las provincias de Quito”. Desde el Cuzco Francisco Pizarro quizás preocupado por la presencia de Alvarado en Perú, dio orden al mariscal Diego de Almagro de ir a Quito para cortar el paso a Alvarado. El mariscal, que por entonces estaba persiguiendo a Quisquis, general de Atahualpa, desde Jauja se dirigió diligentemente a San Miguel. Cuando llegó en el mes de abril, se enteró de que Belalcázar ya había salido en aquella dirección. Fue en su seguimiento a finales de mayo, sin que fuera hostigado por los indios. Cuando llegó a la zona de Quito a mediados de julio, desde los Chillos mandó volver a Belalcázar, y ambos pasaron a Riobamba a primeros de agosto. Una vez que llegaron, como medida disuasoria ante Alvarado, el mariscal Almagro fundó el 15 de agosto la ciudad de Santiago (actual Guayaquil), con intención de señalar la propiedad de aquel territorio.

Cuando llegó Alvarado, la situación entre ambos estaba muy tensa y parecía que los dos ejércitos iban a llegar a las armas, pero Almagro era un hombre templado, y después de tres días de negociación, acabó convenciendo a Alvarado, con la promesa de resarcirle de las pérdidas con una cantidad entre 80.000 y 120.000 pesos de oro. El acuerdo se firmó el 26 de agosto. Y para confirmar su poder, Almagro fundó San Francisco el 28 de agosto, con la orden de mover la ciudad al lugar llamado Quito por los indígenas.

Como a continuación, Almagro y Alvarado habían partido hacia el sur para encontrarse con Pizarro, sería Belalcázar, con el cargo de teniente de gobernador, el que confirmaría y ejecutaría el asentamiento quiteño el domingo 6 de diciembre de 1534.

Planos de Quito

Plano de Quito

Con el asentamiento, Belalcázar ratificó a las autoridades del nuevo Cabildo de Quito, compuesto de dos alcaldes y ocho regidores, que ya había elegido Almagro en agosto. El Cabildo llevó a término el empadronamiento de los que quisieron avecinarse, ordenó que se hiciera el trazado de la ciudad, acordó que se construyera una iglesia provisional y que hubiera un ejido en las afueras. El 20 de diciembre se repartieron los solares para que se iniciara la construcción de viviendas y otros edificios necesarios. Viviendas y propiedades que establecían la categoría diferencial de “vecino” de los pobladores con los naturales que no lo eran[16], y en tal categoría como principales en el orden social estaban los conquistadores, fundadores y colonizadores, seguidos de otros propietarios. A los primeros se les otorgaron solares de media manzana y de un cuarto de manzana a los segundos.

 

 

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Plano de Quito

La captura de Rumiñahui, el jefe inca que traía de cabeza a Belalcázar y a sus soldados, es el acontecimiento por el que con más frecuencia se nombra a Hernando de la Parra[17]. La interpretación que se da al hecho es bastante diversa y depende de la fuente que se consulte. De la Parra dice en su expediente de méritos y servicios que lo persiguió con un grupo de compañeros de armas, pero que fueron otros soldados los que lograron su captura. No sin añadir que el apresamiento solo fue posible porque con dicha persecución habían conseguido acorralar al inca[18]. Miguel de la Chica, en su probanza de méritos, se atribuye él solito la hazaña, aunque los testigos acabaron por dar los nombres de otros soldados que, según lo que recordaban, también intervinieron en el desarrollo de la acción, entre ellos Alonso del Valle, Juan del Salto y Juan Enríquez[19]. Rodolfo Pérez Pimentel, lo narra de forma que posiblemente consigue integrar, de forma más objetiva, las dos opiniones anteriores:

A principios de enero de 1535 el capitán Hernando de la Parra se había metido por Aloag y dio con las pampas de Chiac; cuando, en uno de los promontorios del “Topalibi” —que significa “el rodadero del gran jefe”— vio a un indio adornado de collares, brazaletes y llautu que brillaban con los rayos del sol, arrojándose al vacío, pero se quedó enredado y colgado en uno de los espesos matorrales de Chilca. Bajado por unos soldados dijo llamarse Rumiñahui y fué trasladado en parihuelas a donde estaba Benalcázar…[20]

Sin embargo quedan bastantes dudas y varias interpretaciones de cómo realmente se desencadenaron los hechos. Lo cierto es que Rumiñahui fue apresado en el sector de los Quijos cuando intentaba llegar a Sigchos, y que poco más tarde también capturaron a Zopozo Paucar, cuando se dirigía de Sigchos a Pillaro.

Escultura de Rumiñahui en Quito, por Vicente O. Rivadeneira

Rumiñahui, Quito. Vicente O. Rivadeneira

 

A partir de 1535 se documentan en las actas de los cabildos los repartos de las encomiendas adjudicados por la Corona a descubridores y fundadores. En la primera relación de encomiendas conservada del Cabildo de Quito, probablemente de 1548, entre las 47 registradas figuran las que recibió Hernando de la Parra, por cédula de Francisco Pizarro, en el primer reparto que hizo Belalcázar en nombre del marqués:

El repatrimiento de Hernando de la Parra tiénelo por cédula del Marqués parécenos que terná quatrocientos Indios, dá Indios para las minas alcánzalas, parécenos que podrá dar de sus grangerías ochocientos pesos[21].

Cuando se desencadena la oposición de los encomenderos a las Leyes Nuevas (1542), por las que el sistema de encomiendas entraba en un proceso de “liquidación”, y que acabó en la “Gran Rebelión” de los gonzalistas contra realistas, él, que por esas fechas era alguacil mayor de Quito (1545), se mantuvo con los realistas apoyando y acompañando al virrey Blasco Núñez Vela, hasta la derrota que Gonzalo Pizarro les infligió en Iñaquito (18 de enero de 1546). Allí murieron muchos, el virrey fue decapitado en el mismo campo de batalla y colocada su cabeza en el Rollo de Quito. Los que sobrevivieron a una matanza posterior fueron hechos prisioneros, entre ellos De la Parra.

Los vencedores se llevaron los indios de la encomienda, le despojaron de las tierras y del ganado y le incautaron todos los demás bienes que tenía en Quito, además de quemarle la casa donde vivía[22]. Fue desterrado a Chile.

Pero Hernando de la Parra y varios más de los que con él iban al destierro, prepararon un motín en el barco en que les llevaban, lograron hacerse con el barco y cambiar el rumbo hacia Nueva España[23]. Ya en aquellas tierras Hernando se asentó algún tiempo en la ciudad de México. Posteriormente se unió a las tropas que estaba organizando el presidente Pedro de la Gasca, con el que retornó al Perú (1547), para la contraofensiva a la facción de Gonzalo Pizarro. Muerto este después de la batalla de Xaquixaguana (9 de abril de 1548), recibió de De la Gasca las encomiendas de Chumaque, Caque y Cañares, que le rentaban anualmente dos mil cincuenta pesos. En 1549 se le menciona como encomendero de los puruháes[24].

Parece que por esas fechas, Hernando de la Parra se había casado en Lima con la sevillana Francisca del Corral e Hinojedo[25], con la que tuvo seis hijos: Bernardina, Hernando, Mateo, Blas, Francisca y Beatriz.

Las mercedes de tierras por parte del Cabildo se iniciaron en 1535 y Hernando de la Parra fue de los primeros que acumuló terrenos que sumaban una gran superficie. Así, el 29 de diciembre de 1551, el Cabildo de Quito le otorgó el proveimiento del vasto latifundio de Chuquipogyo, que se extendía en las estribaciones del volcán Chimborazo; tierras que pertenecieron a los puruháes y posteriormente a los incas. Después, sus tierras las heredaron sus hijos Hernando y Mateo. Este segundo fue quien recibió Chuquipogyo. Mateo se las dejó en herencia a su yerno Francisco de Guevara, que años más tarde vendería a José Villavicencio “las tierras que fueran de Mateo Rodríguez de la Parra”[26] por valor de doscientos patacones[27].

Hernando de la Parra fue contador en la Caja Real de Quito en el periodo 1553-1559, realizando una labor fundamental para el funcionamiento de la Caja, pues sería el encargado de llevar el control de entradas y salidas por concepto de los distintos ramos de la Caja, anotadas en los correspondientes libros de registro. Y como tal le correspondía certificar ese movimiento de la Caja y en general la vigilancia de la contabilidad de la misma, ejecutando auditorías de las cuentas que recibían de los administradores de algunos ramos importantes de la Caja como el de quintos, alcabalas o el de tributos[28].

El 24 de enero de 1560, hizo probanza de sus méritos y servicios a la Corona, para solicitar del rey Felipe II un privilegio de armas y también la subida de su renta de 500 hasta 3.000 pesos de oro o en indios y el almojarifazgo mayor de Quito. La respuesta al pie del documento es lacónica: “Las armas fiat y en lo demás no a lugar”. En Toledo, 17 de diciembre de 1560[29].

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Las armas de Hernando de la Parra

 

La real cédula dice así:

Don Felipe, etcétera. Por cuanto por parte de vos, Herrando de la Parra, vecino de la çibdad de San Francisco del Quito, me ha sido hecha relación que vos fuistes uno de los primeros conquistadores y pobladores de las provincias del Perú y Quito, en lo cual nos habíades servido como buen soldado y servidor nuestro con vuestras armas y caballo a vuestra costa y misión, así en compañía del Adelantado Belalcázar, como de otros capitanes nuestros, donde habíades pasado grandes trabajos y necesidades, especialmente en ayudar a ganar dos sierras muy ásperas en que estaban encastillados mucho número de indios, que la una se llama Cibante y la otra Copocopugua, hasta que fueron ganadas y toda la tierra allanada y pacificada, y que después fuistes en compañía de Blasco Núñez Vela, nuestro visorrey que a la sazón era de las dichas provincias, a la provincia de Popayán, y vuelto con él a la Ciudad de los Reyes, donde Gonzalo Pizarro le había dado la batalla y le había desbaratado y muerto, y vos habíades sido preso y maltratado por sus soldados, y os desterró para Chile juntamente con otros soldados, servidores nuestros, con los cuales os habíades concertado. Y tomastes el navío en que os llevaban y os fuistes huyendo a la Nueva España, de donde teniendo nueva que el licenciado De la Gasca, obispo que al presente es de Palencia, iba por gobernador de aquella tierra, habíades vuelto a nos servir a las dichas provincias contra el dicho Gonzalo Pizarro, y que ansí mismo nos habíades servido en todas las otras cosas que se habían ofrescido como leal vasallo, sin nos haber deservido en ninguna cosa, como dijistes constaba y parescía por una información de que ante nos, en el nuestro Consejo de las Indias, por vuestra parte fue hecha presentación, y me fue suplicado que acatando los dichos vuestros servicios, vos mandásemos dar por armas un escudo hecho tres partes: que en la primera parte alta estén dos peñoles nevados, y en lo alto dellos estén dos casas fuertes de oro, y entre medias de los dichos dos peñoles, baje un río con unas aguas de mar azules y blancas, sitiados en campo verde, y en lo alto cielo azul; y en la otra parte de abajo, a la mano derecha, un león de oro rapante y en campo azul, y en la otra parte izquierda una ballesta y manojo de saetas atado, de color de oro, en campo colorado, y por orla cuatro mazorcas de maíz y cuatro parras verdes en campo de oro, y un yelmo cerrado con su rollo torcido, y por devisa un león de oro en salto, con una saeta en las manos, con sus trascoles y dependencias a follajes de azul y oro, o como la nuestra merced fuese, etc.

Dada en Toledo a 23 de Diciembre de 1560. —Yo el Rey[30]

En 1565, cuando De la Parra era alcalde ordinario de la ciudad, don Juan Zumba, cacique del pueblo de Uyumbicho, le puso pleito en la Real Audiencia de Quito por la propiedad de unos terrenos en Uyumbicho. Litigaban por una propiedad indígena que ocupaba la considerable cantidad de 23 caballerías y media, en la que los indios yanaconas sembraban maíz y patatas[31].

Mui poderoso Señor, don Juan Zumba cacique del pueblo de Uyumbicho de la encomienda de Francisco Ruiz por mí y en nombre de los yndios del dicho pueblo ante Vuestra Alteza parezco y en la mejor vía y forma que puedo y devo de derecho propongo demanda contra Hernando de la Parra alcalde hordinario de esta ciudad y digo que es assí que posseyendo y teniendo quieta y passíficamente yo y los dichos yndios mis sujetos por nuestras y como nuestras propias unas tierras y cha­cras de sementeras en el dicho pueblo que antiguamente desde los tiempos passados de los yngas y después siempre las hemos labrado sembrado y beneficiado y los yndios que las poseen han subçedido y subseden en ellas por subçesión y herencia de sus padres y antepasados el suso dicho Hernando de la Parra se entró y entremete a labrar y querer sembrar en ellas contra nuestra voluntad…[32]

La sentencia (13 agosto 1566) fue favorable para el ya envejecido conquistador, y con posterioridad, en juicio de 1595, se confirmó la propiedad a la familia De la Parra por un mandamiento de amparo de don Francisco de Mendoza Manrique, corregidor y justicia mayor de Quito[33].

Queda claro, que en consonancia con el grupo de peninsulares conquistadores, el estilo de vida que sigue De la Parra en Quito busca reproducir el modelo del noble peninsular, que tiene sus manifestaciones externas más significativas en la posesión de escudo de armas, morada distinguida y situada en calle principal[34], ocupación tan solo de cargos y oficios honrosos, participación en cofradías exclusivas, enterramiento, capilla en una iglesia, mantener criados y esclavos, etc. Así, fue regidor de Quito en 1544 y 1549, alguacil mayor en 1545, fiel ejecutor en 1550[35] y alcalde en 1564 y 1565[36].

En una iglesia de adobe y paja en la plaza principal de Quito, que se utilizó como la primera iglesia secular de la ciudad, se estableció en 1543 la cofradía del Santísimo Sacramento. Entre sus primeros miembros se contaban los españoles conquistadores y primeros vecinos de mayor rango, incluyendo varios capitanes y oficiales de la ciudad.

El libro de reglas de la cofradía del mes de agosto de 1545 está firmado por sus cuatro miembros fundadores: el capitán Fernando Ortiz y Mena, el capitán Francisco Ruiz, Pedro de Baesde y Hernando de la Parra[37].

Entre 1562 y 1565 se edificó la nueva catedral de Quito, en el sector sur de la que sería la Plaza Mayor y como otros vecinos distinguidos, Hernando de la Parra pidió y consiguió del Cabildo, en 26 de mayo de 1563, lugar en ella para su enterramiento y el de sus descendientes.

En este dicho cabildo, los dichos señores dixeron que por cuanto Hernando de la Parra, vecino de esta ciudad es conquistador de esta provincia y de los primeros descubridores y pobladores de esta ciudad y es persona preeminente y de honra, y pidió se le diese sepoltura para él e sus descendientes, la cual ansí mismo fuese asiento para su mujer y descendientes en esta Santa Iglesia, y se le señaló doce pies más atrás del altar que está pegado al arco toral, arrimado a la pared a la mano derecha, yendo del coro al altar mayor, en el cual lugar dice que pretende hacer una capilla y dotalla en la iglesia que se está haciendo; y que si hubiere efeto el hacer de la dicha capilla y dotación que en el dicho sitio se le haya de señalar y señale, que ha de ser la primera de la nave de la mano derecha donde se han de edificar las capillas y que dará la limosna que a los dichos señores del cabildo les pareciere, atento a lo cual y a las dichas calidades que concurren en el dicho Hernando de la Parra y a que de presente da cien pesos de oro corriente de limosna a esta santa iglesia, le señalaban y señalaron la dicha sepoltura y asiento en el dicho lugar y sitio, y le mandaron dar título de ella, e los dichos señores lo firmaron.[38]

Cuando el capitán Lorencio de Cepeda Ahumada, hermano de Santa Teresa de Jesús, y doña Juana de Fuentes Espinoza, su esposa, vecinos también de Quito, bautizaron a su hija Teresa, el 4 de noviembre de 1566, los padrinos fueron Hernando de la Parra y su mujer doña Francisca del Corral[39].

Consagrada en junio de 1572, la catedral tenía cinco capillas que fueron adjudicadas a Rodrigo Núñez de Bonilla, Hernando de la Parra y Francisco Ruiz, todos vecinos de la Plaza Mayor y a Suárez de Figueroa, quien también iría a vivir a la vecindad de la plaza[40].

No he encontrado ningún documento la fecha exacta del fallecimiento de Hernando de la Parra el viejo, pero el óbito debió de ocurrir después de la firma del documento de Quito y antes de 1572, pues el 22 de enero de este año el capitán Pedro de Ruanes, segundo marido de Francisca del Corral, fue nombrado curador y tutor de los menores Mateo Rodriguez, Blas de Sotomayor, Francisca del Corral y Beatriz de Corral, hermanos, hijos legítimos y herederos de Hernando de la Parra difunto, vecino que fue de San Francisco de Quito. Se cita también como hija suya a Bernardina de Carranza mujer de Bernardino de Cisneros, escribano del Cabildo de la ciudad.[41]

En un documento ya algo posterior se vuelve a mencionar la defunción de Hernando de la Parra, de forma secundaria, como propietario y vecino. Se trata de la petición de autorización hecha al Cabildo de la ciudad por el obispo Fray Pedro de la Peña y Vázquez, para construir el monasterio femenino de la Pura y Limpia Concepción. El Acta de la sesión en que se trató y resolvió la petición no está fechada; pero está escrita por delante de la del 22 de agosto de 1575. Y dice así:

En este cabildo se leyó una petición que el reverendísimo señor obispo deste obispado dio cerca de que se funde en esta ciudad un monesterio de monjas, y a ella se respondió lo que va escripto e firmado del escribano deste cabildo, y estos señores demás de aquello dixeron que les parece quel dicho monesterio se funde e haga en la cuadra del chantre Don Diego de Salas ques frontero de las casas de Hernando de la Parra difunto por ser en la calle de las prencipales desta ciudad e más cómoda para el dicho efeto;…[42]

 

Hernando de la Parra del Corral, el hijo mayor de los nacidos en Indias, murió como un año después que su padre, de una cuchillada que se le dio en una “quistion”[43].

Aunque el objetivo del artículo es presentar el documento inédito de Quito, que aporta hechos de Hernando de la Parra anterioriores a su viaje a Indias, me sabe a poco no haber podido reunir más información sobre su vida desde que fue vecino de Quito, colono y encomendero. Me parece muy escaso reducir los aproximadamente 70 años de su vida a unas pocas páginas. Es cierto que encontré algunos datos más, pero no pude constrastarlos suficientemente y he preferido omitirlos. Quizás alguien, más próximo a los documentos que se custodian en archivos ecuatorianos, lo pueda hacer algún día.

Baltanás, Hernando de la Parra

Baltanás, cuna de Hernando de la Parra, descubridor y conquistador, uno de los fundadores y primeros pobladores de la ciudad de Quito. En la actualidad, es la capital histórica del Cerrato Castellano y del Cerrato Palentino.

 

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El autor

Licenciado en Filosofía y Letras, Sección Ciencias de la Educación (Pedagogía).

Orientador Escolar, especializado en Dificultades Específicas de Aprendizaje (LSD)

Investigador aficionado de genealogía familiar y su entorno histórico.

revs@ono.com


 

Notas

[1] Baltanás es una localidad y municipio de la comarca de El Cerrato en la provincia de Palencia, Comunidad Autónoma de Castilla y León, España.

[2] A la historiadora y directora de este sitio María Teresa Díez Martín, por su asesoría y colaboración en este artículo. A la investigadora Tamara Estupiñán Viteri, por haberme dado la posibilidad de consultar su documentado libro sobre Rumiñahui y por su autorización para utilizar referencias de su base de datos. A la técnica superior de bibliotecas Gema Andrés Ramallo, de la Universidad Complutense, por haberme facilitado el acceso a documentación de archivos de Madrid. A José Antonio Carrillo Franco, por su constancia en mantener que el artículo tenía interés para publicarse. A todos aquellos que en varios años lo leyeron y lo dieron por nulo, porque posibilitaron que encontrara quien me ayudara a perfeccionarlo.

[3] Archivos consultados y siglas de aquí en adelante: AHPP: Archivo Histórico Provincial de Palencia; ARChV: (P, Protocolos): Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (PC, Pleitos Civiles; c, caja; F, fenecidos.); AGI: Archivo General de Indias; PARES: Portal de Archivos Españoles, http://pares.mcu.es; p. página, pp. páginas; f. folio, ff. folios; ca, circa anum, hacia el año, t. tomo.

[4] AHPP, P, 11.553, ff. 135v.-149v. (1669-1699), y ARChV, PC, Pérez Alonso (F), c. 1980,2, ff. 279r.-304v. (1598-1621).

[5] AGI, Indiferente, 2081, N.33, f. 1r., (probable 1564) [en línea] PARES [Consulta: 22/06/2016].

[6] AGI, Contratación, 5537, L.3, f. 1r., (1563/1571) [en línea] PARES [Consulta: 22/06/2016].

[7] De los dos documentos citados que contienen la escritura del acuerdo, la transcripción literal que sigue corresponde al manuscrito del ARChV, PC, Pérez Alonso (F), c. 1980,2, ff. 279r.-304v. (1598-1621). Transcripción de Roberto Velasco Serrano, revisión de Mayte Díez Martín. Normas de la transcripción en anexo final de notas. Dada la longitud del texto y la dificultad de una efectiva actualización de la puntuación, se ha optado, en orden a facilitar la lectura y comprensión del texto, por una separación según marcas de folio. Esta separación no sigue el foliado original, pues se respeta la puntuación actualizada cuando ha sido posible y la continuidad de las palabras cortadas entre folios.

[8] Aunque Guadalcanal sí había pertenecido a Extremadura hasta 1833.

[9] Del matrimonio de Hernando y Elvira no se conserva partida de matrimonio, pero si la escritura de las Capitulaciones matrimoniales, que se hicieron el 28 de enero de 1551. En ausencia de su padre, las hizo su tío Toribio Gutiérrez, marido de María de la Parra. AHPP, P. 11.701, 1551, f. 11r.

[10] Archivo Parroquial de la iglesia de San Millán, Baltanás, Difuntos, Libro 1º, f. 30r.

[11] “De la Parra, Hernando. Español. Llegó a América en 1533. Vino desde San Miguel de Piura con Belalcázar. Uno de los más intrépidos y valientes conquistadores del Reino de Quito. Experto en ganar fortalezas y fuertes indígenas y en tomar pasos peligrosos de puentes y ríos. Luchó en Tiocajas, Chanchan, Sibambe, Pintag, Lita y Quilca. Fue de los que prendió a Rumiñahui y otros capitanes aborígenes. Estuvo en las capitulaciones de Riobamba. En la batalla de Iñaquito cayó prisionero y fue desterrado a Chile. En 1560 el rey de España le otorgó escudo de armas, fundador de Quito el 6-dic-1534. Ubicación: Extremo N. Urb. Carcelén, una cuadra al N de la c. A. Guillen.” Así comenta la calle de Quito que lleva el nombre de nuestro personaje, Ángel Dávalos H., Quito, significado y ubicación de sus calles: (a comienzos del siglo XXI), Quito-Ecuador. 2000.

[12] Este primer asentamiento de Pizarro, San Miguel es conocido como San Miguel de Tangarará, aunque su nombre real fue San Miguel de Nueva Castilla; pero en menos de dos años se trasladó al valle del Alto Piura, en el lugar llamado ahora Piura la Vieja, próximo a la exhacienda Monte de los Padres, donde se llamó San Miguel de Piura. En este lugar permaneció unos 40 años. Después se reubicó en el puerto de Paita con el nombre de San Francisco de la Buena Esperanza, donde se mantuvo cerca de 10 años y, por fin, en 1588 ocupó su emplazamiento actual, donde por mor de la costumbre se volvió a llamar San Miguel de Piura.

[13] “Apenas había llegado Belalcázar a San Miguel, cuando arribaron dos naves: una de Panamá y otra de Nicarahua, proveídas de buena caballería, pertrechos militares y sobrado número de gente…” Juan de Velasco, Historia del Reino de Quito en la América meridional, Tomo II, y Parte II. Quito, 1841, p. 115.

Declaración de Iñigo de Mondragón, en la probanza de méritos de 1560: “…el cual (Hernando de la Parra) fue a aquellas partes al tiempo que fue a la dicha provincia del Quito el adelantado don Sebastián de Belalcázar…”, AGI, Patronato,B,R.12, f. 2r. (1560) [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016].

[14] “… salió Belalcálzar de San Miguel por octubre de 1533.” Juan de Velasco, Historia del Reino de Quito…, op. cit., p. 116. “Consultados diversos documentos, como cartas al rey y datos de otros cronistas, Belalcázar con su tropa de aventureros salieron desde San Miguel probablemente a principios del mes de marzo.” Alfredo Lozano Castro, Quito ciudad milenaria, Forma y Símbolo, Quito-Ecuador, 1991, p. 66.

[15] Udo Oberem, “Los Cañaris y la conquista española de la Sierra ecuatoriana, otro capítulo de las relaciones interétnicas en el siglo XVI”, en Journal de la Société des Américanistes, Tomo 63, 1974, pp. 263-274.

[16] Según las Leyes de Indias: “tendrán calidad de vecinos solo los hombres propietarios”.

[17] “El célebre conquistador y vecino de Quito, cuyo nombre está en la historia inseparablemente unido al recuerdo de la captura del indómito Rumiñahui por parte de los expedicionarios del Capitán Benalcázar.” Jorge A. Garcés G., Libro del ilustre Cabildo: justicia e regimiento desta muy noble e muy leal ciudad de Sant Francisco del Quito, 1575-1576, Quito, 1935, p. xlv, nota 166.

[18] “…el dicho capitán (Juan de Ampudia) envió ciertos soldados de los que con él estaban, a esta ciudad, y los demás con él fuimos en seguimiento de los dichos capitanes (Rumiñahui y Zopozo Paucar), y visto por ellos el dicho alcance que les dábamos, se salieron de la dicha provincia de Quijos; y yendo hacia Sicho (Sigchos) fue preso el dicho Ruminavi (Rumiñahui) por ciertos soldados que andaban corriendo la tierra por mandado del dicho capitán Benalcázar (Belalcázar), lo cual fue principal parte para la pacificación de esta tierra, el cual no se prendían si nosotros no le diéramos el dicho alcance…” AGI, Patronato, 103B,R.12, f. 8., (1560) [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016].

[19] “…me aparte de la gente con que salí por una trabiesa que yva a una laguna y llegando a la dicha laguna junto a un pequeño montecillo estaba el dicho señor llamado Olumynabi (Rumiñahui) arrimado a un árbol e yo conosciéndole por señas que del traya arremyte con él e después de aver forzejado con el muy gran rato le prendí e acabándole de prender llegaron otros dos españoles y le llevé preso a do abía dexado la demás gente…”. AGI, Patronato, 153,N.11,R.2, ff 2v., 15r., 1554 [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016]. Conviene consultar las respuestas a la séptima pregunta del interrogatorio en: Ubidia Rubio, Luis Enrique. “Aporte documental a la Captura de Rumiñahui”,  Boletín del Archivo Nacional de Historia, año II, Números 3-4 (Quito, enero-diciembre de 1951), pp. 5-42.

[20] Rumiñahui, [en línea] Diccionario Biográfico Ecuador [Consulta: 24/06/2016].

[21] Rafael Loredo, Los Repartos: bocetos para la nueva historia del Perú, Lima, 1958, p. 292. La encomienda era un sistema por el cual la monarquía hispana otorgaba como recompensa a los conquistadores y colonos derechos sobre un territorio y una población indígena; en esencia, era un reparto de las tierras conquistadas. Los indígenas en este sistema eran, formalmente, súbditos de la Corona, y como tales tributarios y beneficiarios de la civilización española. Así, los encomenderos tenían la responsabilidad de “curar material y espiritualmente a los indígenas encomendados”. A cambio de estas ventajas los indígenas estaban obligados a trabajar sin salario cierto número de temporadas para los encomenderos. Este control de la mano de obra supuso, de hecho, un control del poder en manos de los encomenderos, que no interesaba a la Corona, y un sin fin de abusos con los indígenas. La sujeción de los indios a la encomienda terminó con la institución del repartimiento que se mantuvo hasta las independencias, en este sistema laboral eran adjudicados, obligados, como mano de obra para los encomenderos, ya hacendados, por un salario mínimo o simbólico.

[22] Algunos de estos sucesos los confirman los testigos del pleito que contra él se puso en 1565: Litigio entre don Juan Zumba, cacique del pueblo de Uyumbicho y Hernando de la Parra, alcalde ordinario de la ciudad de Quito sobre tierras en Uyumbicho, Quito, 1565. en Cristobal Landazuri N., (comp.), Visita y numeración de los pueblos del valle de los Chillos: 1551-1559, Quito, 1990,  pp. 291-302.

[23] “…y os desterró para Chile juntamente con otros soldados, servidores nuestros, con los cuales os habíades concertado. Y tomastes el navío en que os llevaban y os fuistes huyendo a la Nueva España…”. En A. Paz y Meliá,  (comp.), Nobiliario de conquistadores de Indias, Madrid, 1892, p. 118.

[24] Christiana Renate Borchart de Moreno, La Audiencia de Quito: aspectos económicos y sociales (siglos XVI-XVIII). Quito-Ecuador, 1998, pp. 143, nota 39.

[25] “…en 1548 ya estaba en Quito la sevillana Francisca del Corral e Hinojedo, que había casado en Lima con el viejo conquistador Hernando de la Parra y Carranza, natural de Extremadura, ella llevó 10.000 pesos ensayados y él 2.000 pesos en pago de su virginidad, la señora testó el 13 de enero de 1590 de unos 62 años.” Fernando Jurado Noboa, Quito secreto: Historia documentada y desconocida sobre el origen y desarrollo de esta ciudad andina, Quito-Ecuador, 1998,  p. 22.

Recordemos que su hijo Hernando ya había dejado dicho en el documento transcrito al comienzo del artículo: “…la escritura de dote e promessa que el dicho mi padre hizo e otorgo en su fabor por ante Francisco Álbarez, escrivano de su magestad en la Ciudad de los Reyes, en honce días del mes // de mayo del año passado de mill e quinientos e quarenta e nuebe años…”

[26] No es baladí que lleve el apellido Rodríguez, pues probablemente ese era también el de su padre, que se llamaría Hernando Rodríguez de la Parra.

[27] Alfredo Costales Samaniego y Dolores Costales Peñaherrera, El legendario general indio Alejo Sáez, Quito-Ecuador, 2001, pp. 105 y ss.

[28] Salvo que en esas fechas hubiese un homónimo en Quito, este dato es como se incluye en Manuel Casado Arboniés, “La Real Hacienda de la Audiencia de Quito (1537-1603): La discontinuidad en las cartas-cuentas y tanteos”, EHSEA, 15 (1997), p. 86.

[29] AGI, Patronato,103B,R.12, f. 4v., (1560) [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016].

[30] A. Paz y Meliá, (comp.), Nobiliario de conquistadores de Indias, Madrid, 1892, p. 118.

[31] Cristobal Landazuri N., (comp.), Visita y numeración de los pueblos…, op. cit., pp. 268-303.

[32] Frank Salomon, Los señores étnicos de Quito en la época de los incas, Otavalo-Ecuador, 1980, p. 91.

[33] Segundo Moreno, (comp.), Pichincha: Monografía Histórica de la Región Nuclear Ecuatoriana, Ecuador, 1981, p. 232. Citado por Blanca Luz Flores Tupiza, La época colonial en la Real Audiencia de Quito y su incidencia en los levantamientos indígenas, Quito, 2012, p. 46.

[34] “…consta que la casa estaba exactamente en el ángulo sur de lo que ahora es el Palacio Presidencial.” Fernando Jurado Noboa, Calles, casas y gente del centro histórico de Quito, de 1534 a 1950. Tomo IV, Quito, 2006, p. 284.

[35] Christiana Renate Borchart de Moreno, La Audiencia de Quito: aspectos económicos…,  op. cit., p. 143, nota 39.

[36] Pilar Ponce Leiva, Certezas ante la incertidumbre. Elite y Cabildo de Quito en el siglo XVII, Quito, 1998, p. 132.

[37] Susan V. Webster, Arquitectura y empresa en el Quito colonial: José Jaime Ortíz, Alarife Mayor, Quito-Ecuador, 2002. p. 28.

[38] Jorge A. Garcés G. (colaborador), Colección de Documentos sobre el obispado de Quito: 1546-1594. Quito, 1946, p. 184.

[39] Manuel María Polit, La familia de Santa Teresa en América, Friburgo de Brisgovia (Alemania), 1905, p. 346.

[40] Juan Carlos Pérgolis Valsecchi, La plaza el centro de la ciudad, Colombia, 2002, p. 194.

[41] AGI, Patronato,118, R.6. ff. 6r.-8r., 22r., (1572) [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016].

[42] Jorge A. Garcés G., Libro del ilustre Cabildo: justicia…, op. cit., p. 124.

[43] AGI, Patronato,118, R.6. ff. 6r.-8r., 22r., (1572) [en línea] PARES [Consulta: 20/06/2016].